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Una llamada telefónica interrumpió la Navidad de la familia Mourinho. José tenía nueve años. Su padre acababa de ser despedido como entrenador mientras todos estaban sentados a la mesa. “Nadie terminó de comer”, recordaría después. Los regalos quedaron cerrados y la tristeza ocupó una casa acostumbrada a vivir pendiente del fútbol.

Aquel episodio no provocó rechazo hacia los banquillos. Produjo lo contrario. El niño decidió que haría que el apellido de su padre fuera conocido en todo el mundo. Félix Mourinho no fue solamente un técnico que perdió su empleo. Había sido futbolista, entrenador y la primera referencia profesional de José.

Jose Mourinho Europa Press

Mourinho decidió que quería ser entrenador antes de los 10 años

En una entrevista con Audi, Mourinho explicó que esa influencia comenzó cuando tenía nueve o diez años. El trabajo de Félix le permitía acceder a lugares cerrados para los aficionados. Podía escuchar conversaciones tácticas, observar la preparación de los encuentros y comprender desde dentro las relaciones que existen en un vestuario.

Oficialmente era recogepelotas. En realidad, ya ejercía como ayudante. Entraba antes de los partidos y regresaba durante el descanso. “Escuchaba lo que el entrenador quería”, señaló. Después repetía las indicaciones desde la banda. Si alguien olvidaba cerrar un espacio, el pequeño José se encargaba de recordárselo.

Empezó a mostrar sus dotes en la banda como ayudante de su padre

Fernando Tomé explicó en Primera Plana que Félix utilizaba a su hijo para transmitir mensajes sin que los rivales los escucharan. También detectó pronto que José no llegaría lejos como futbolista. Su talento estaba en observar, interpretar errores y proponer soluciones. Por eso comenzó a pedirle informes sobre los adversarios.

Jose Mourinho Manchester United Old Trafford EFE

Padre e hijo coincidieron en el Rio Ave durante las temporadas 1980-81 y 1981-82. Aquella convivencia reforzó el aprendizaje. Félix entendía el fútbol con valentía. Tomé recordó una campaña en el Setúbal donde ganó 21 de 22 partidos y empató el restante. Aun así, José separa los resultados del afecto.

“No era el mejor entrenador del mundo, pero era el mejor padre del mundo”, afirmó Mourinho. Para él, la verdadera herencia no consiste en un sistema táctico concreto. Fue la puerta que Félix abrió. Gracias a ella aprendió a mirar un partido con preguntas distintas y a comprender la responsabilidad emocional del entrenador.

Su padre también supo frenarle. Durante su etapa como asistente en el Barcelona, José recibió una propuesta del Sporting de Braga. Quería aceptarla, pero Félix respondió con dos palabras portuguesas: “Tem juízo”. Le pedía sensatez. Mourinho esperó, continuó aprendiendo y comenzó finalmente como primer entrenador del Benfica en 2000.