Compartir vacunas podría salvar 2,7 millones de vidas en la próxima pandemia

La próxima pandemia podría provocar 58,5 millones de muertes si el mundo no acelera el desarrollo de vacunas. Pero incluso si estas llegan rápidamente, la manera como se repartan será decisiva. Un modelo elaborado por la comisión NUS-Lancet PRIME calcula que distribuir las vacunas según la población de los países, y no según su capacidad de compra, podría evitar 2,7 millones de muertes adicionales. La contrapartida es que los países ricos asumirían una parte mayor de las muertes.

La velocidad salva millones de vidas

El estudio parte de una pandemia hipotética de gripe A y modeliza diferentes escenarios de respuesta. El primero es contundente: acelerar el desarrollo de vacunas reduciría las muertes estimadas de 58,5 millones a 23,9 millones, una reducción de casi el 60%. Si, además, las dosis se distribuyeran de manera equitativa, se evitarían otros 2,7 millones de muertes.

Pero esta distribución tendría un coste desigual. En los países de ingresos altos, el modelo calcula que las muertes pasarían de 2,4 millones a 3,9 millones si las vacunas se repartieran según la población y no según el poder adquisitivo. En cambio, el número de vidas salvadas a escala mundial aumentaría. La conclusión es que la solidaridad entre países no es solo una cuestión moral: según el modelo, también tiene un efecto directo sobre la mortalidad global.

Mejorar la respuesta de la covid

La propuesta parte en buena parte de las lecciones de la pandemia de covid-19, cuando los países con más recursos tuvieron acceso prioritario a las vacunas mientras muchas naciones de renta baja y media esperaban dosis. El problema, según los investigadores, no es solo disponer de vacunas, sino garantizar que lleguen a las personas que más las necesitan.

Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda y copresidenta de la comisión, defiende que "la cooperación y la solidaridad salvan las vidas de los primeros intervinientes esenciales", entre los que se encuentran los profesionales sanitarios. También reclama reforzar la capacidad regional de investigación y fabricación para que vacunas y tratamientos no dependan exclusivamente de la capacidad de compra de los estados.

Una pandemia no afecta a todo el mundo por igual

La comisión ha investigado comunidades de 20 países especialmente afectadas por la covid u otras crisis. El resultado apunta que muchas de las diferencias en el riesgo de morir o enfermar no tienen el origen solo en el virus, sino también en las condiciones sociales.

Helena Legido-Quigley, profesora del Imperial College London y copresidenta de la comisión, lo resume con tres ejemplos, según recoge el diario británico The Guardian: "Una persona que vive en un apartamento masificado no se puede aislar"; una persona sin documentación no puede acceder a determinadas ayudas, y quien no habla la lengua dominante puede no entender las recomendaciones sanitarias. Esto cuestiona uno de los principios tradicionales de la preparación ante las pandemias: tener suficientes camas hospitalarias, laboratorios, reservas y protocolos no garantiza que la protección llegue a todo el mundo.

La confianza también salva vidas

El modelo incorpora otro factor: la confianza. Mejorar la confianza de la población en las vacunas podría evitar 1,9 millones de muertes adicionales, según la comisión. Es un dato que desplaza el foco desde la tecnología hacia la relación entre instituciones y ciudadanía.

Por ello, el informe reclama que las comunidades participen en la planificación antes de que llegue una nueva crisis y que los gobiernos sean responsables de demostrar que los recursos llegan efectivamente a quien los necesita.

Githinji Gitahi, director ejecutivo de Amref Health Africa, recuerda que los países africanos quedaron "al final de la cola" durante la distribución de las vacunas contra la covid, destaca el mismo diario. Según Gitahi, la confianza no se puede improvisar durante una emergencia: "Se tiene que ganar ahora, antes de la próxima crisis".