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Jorge Lorenzo ha hablado públicamente de sus inversiones desde que decidió retirarse del motociclismo, hace ya siete años. Y también ha repasado algunos de los momentos más difíciles de su carrera, en especial, los últimos años, y las lesiones más graves que sufrió. Pero también los buenos momentos, pues hablar del mallorquín es hacerlo de un pentacampeón del mundo, dos veces en la categoría de 250 cc, y tres en la categoría reina, en MotoGP.

“Me costó volver de una lesión muy grave en 2008 y en 2019, cuando me aplasté dos vértebras, decidí que se había acabado. Ahí fue cuando le cogí miedo de verdad. Porque mi moto de ese momento, la Honda, era un desastre. Habría acabado matándome. Decenas y decenas de huesos rotos y operaciones. Y miles y miles de caídas”, recordó el mítico ‘99’, quien, a sus 37 años, ahora asegura estar disfrutando más de la vida, sin ninguna obligación, y de su tiempo libre y su dinero.

“No es lo mismo trabajar como oficinista, o jugar al golf, o al tenis, que practicar un deporte de riesgo. El motociclismo fue, es y será siempre un deporte de riesgo. Vas a más de 300 kilómetros por hora y la única protección es tu propio cuerpo. El mono tiene un grosor de un centímetro, no es nada. Es cierto que se van mejorando los circuitos y las medidas de seguridad, pero, después del toreo, el motociclismo es lo más peligroso que hay. Se hace difícil incluso llamarlo deporte, porque el deporte en teoría te hace más saludable, y no es el caso con los motoristas retirados: uno va cojo, a mí me falta media falange…”, prosiguió el antiguo piloto de Honda, Ducati y Yamaha.

Por suerte, Lorenzo es uno de esos deportistas que ha encontrado la felicidad después de retirarse. Mientras otros caen en una profunda depresión, él disfruta haciendo viajes, y comprándose artículos de lujo, con colecciones de relojes, coches, inmuebles… “He sido un gran coleccionista de coches. También colecciono relojes. Y cascos y monos de todos los campeones de MotoGP y Fórmula 1 desde 1950, con unas 150 piezas. Soy un coleccionista de fricadas”, comenzó diciendo.

“Tengo decenas de relojes, y de coches, llegué a tener una decena también. Pero ahora son menos, porque estoy más pendiente de los relojes. Los mejores coches que tuve te diría dos: el Ferrari LaFerrari y el Pagani Huayra roadster. El Ferrari LaFerrari cuesta más de tres millones de euros y existen 499 unidades. El Pagani Huayra puede costar hasta siete millones. Y, obviamente, no se venden a cualquiera. Esos coches son como un Picasso o un Dalí en movimiento. Pero no los utilizo. Un coche de 1995 que haya hecho sólo mil kilómetros tiene mucho valor”, sentenció Lorenzo en su entrevista a ‘Relevo’.