Compartir una cuenta bancaria en pareja puede parecer una solución práctica para gestionar gastos, pero Hacienda ha endurecido su criterio y ya está aplicando el impuesto de donaciones en determinados supuestos. El problema surge cuando uno de los titulares aporta el dinero y el otro lo utiliza para su beneficio personal. En esos casos, la Agencia Tributaria puede considerar que hay una donación encubierta, con la correspondiente regularización y sanción.

La clave está en que, a efectos fiscales, no todo lo que se mueve en una cuenta conjunta se presume automáticamente como gasto común. Hacienda analiza el origen del dinero, el uso que se hace de él y la relación económica real entre los titulares. Si detecta desequilibrios claros, puede actuar incluso aunque la cuenta esté a nombre de ambos.

Cuando Hacienda entiende que hay una donación

Uno de los supuestos más habituales es cuando una sola persona ingresa de forma recurrente el dinero y la otra, sin aportar ingresos, lo utiliza para gastos personales como compras, viajes o caprichos. Si esos movimientos no están vinculados a gastos comunes, Hacienda puede concluir que existe una donación periódica no declarada.

Hacienda establece un nuevo sistema de pago de facturas, Verifactu. Foto freepik

El riesgo aumenta cuando no hay convivencia ni gastos compartidos que justifiquen esos movimientos. Si la pareja no vive junta o no puede acreditar pagos habituales de alquiler, hipoteca, suministros o alimentación, la Agencia Tributaria tiene más argumentos para sostener que el dinero se está regalando y no compartiendo para una economía común.

Movimientos que disparan las alarmas

Otro foco claro de inspección son las retiradas importantes de dinero o las transferencias desde la cuenta conjunta a la cuenta personal del otro titular. Por ejemplo, si uno ingresa 10.000 euros y el otro los transfiere íntegramente a su cuenta privada, Hacienda considera que eso es una donación y debe tributar como tal. También genera problemas cuando el saldo de la cuenta crece únicamente con el dinero de uno y el otro lo utiliza como si fuera propio, sin aportar ingresos ni justificar el uso. En estos casos, no importa que la cuenta sea compartida, ya que lo que cuenta es quién pone el dinero y quién se beneficia de él.

Las consecuencias pueden ser relevantes. Hacienda puede exigir el pago del impuesto de donaciones, con tipos que varían según la comunidad autónoma, además de recargos, intereses y sanciones. Por ello, los expertos recomiendan dejar bien claros los gastos comunes, evitar transferencias injustificadas y, si es necesario, separar cuentas para evitar problemas fiscales futuros.