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Gabriel García, asesor financiero, lanza una advertencia especialmente dirigida a los nacidos a partir de 1994, ya que confiar únicamente en la pensión pública puede ser un error. No significa que todos vayan a quedarse sin jubilación, pero sí que el sistema estará sometido a una presión enorme durante las próximas décadas. Más esperanza de vida, menos natalidad y más jubilados obligan a pensar en una idea incómoda: la pensión futura podría ser más baja, llegar más tarde o exigir muchos más años cotizados.

Por eso García recomienda empezar cuanto antes a construir un plan propio de jubilación. Su propuesta no pasa solo por ahorrar dinero en una cuenta corriente, sino por invertir de forma periódica, especialmente en mercados de valores, siempre entendiendo el riesgo. La clave no es buscar una rentabilidad rápida, sino aprovechar muchos años de aportaciones y crecimiento compuesto.

La pensión pública ya no basta

Durante años, muchas generaciones han dado por hecho que trabajar y cotizar era suficiente para garantizar una jubilación tranquila. Pero para los más jóvenes el escenario es distinto. Los nacidos en los noventa pueden encontrarse con carreras laborales más inestables, salarios más ajustados, alquileres más altos y una edad de jubilación cada vez más exigente.

En ese contexto, depender solo del Estado puede dejar poco margen de maniobra en un futuro no tan lejano. Una pensión puede existir, pero no necesariamente cubrir el nivel de vida deseado. Ahí aparece la importancia de crear un complemento privado: fondos indexados, planes de pensiones, carteras diversificadas o productos adaptados al perfil de cada persona.

Invertir, pero entendiendo el riesgo

El matiz es fundamental. Invertir en bolsa no garantiza resultados y el capital puede subir o bajar. Por eso no conviene entrar sin formación, sin horizonte temporal o sin saber cuánto riesgo se puede asumir. Una persona joven tiene más tiempo para recuperarse de caídas, pero eso no elimina la volatilidad.

García insiste en que el verdadero problema es empezar demasiado tarde. Muchos esperan a los 45 o 50 años para preocuparse por la jubilación, cuando el tiempo ya juega menos a favor. En cambio, empezar con cantidades pequeñas desde joven puede marcar una gran diferencia. El mensaje no es vivir con miedo, sino con previsión. Los nacidos a partir del 94 no deberían dar por garantizada una pensión suficiente. La mejor defensa es construir patrimonio poco a poco, automatizar aportaciones y entender que la jubilación ya no se prepara al final de la vida laboral, sino desde el principio.