Un estudio reciente o publicado en Nature Health por Robert Beaglehole, Ruth Bonita y Tikki Pang —tres referentes históricos de la salud pública vinculados a la OMS— advierte que las políticas actuales de control del tabaquismo no avanzan al ritmo necesario para cumplir los grandes objetivos sanitarios globales. En su análisis, los autores señalan que los enfoques vigentes difícilmente permitirán alcanzar las metas internacionales de reducción de enfermedades no transmisibles, en un contexto en el que la implementación del Convenio Marco para el Control del Tabaco (FCTC) se ha ralentizado y el impulso político ha perdido fuerza en muchas regiones.

Frente a este estancamiento, el artículo identifica una oportunidad: la expansión de productos regulados de nicotina sin combustión, que podría acelerar de forma decisiva el fin de la epidemia de tabaquismo. Los autores defienden que la reducción de daños debe integrarse de manera explícita en la estrategia global de control del tabaco y proponen un objetivo ambicioso pero alcanzable: reducir la prevalencia diaria del tabaquismo en adultos por debajo del 5% en 2040, combinando las medidas clásicas del FCTC con un acceso más amplio a alternativas reguladas libres de humo.

Protección de los menores frente al tabaquismo

Un elemento clave del artículo es que este cambio de enfoque no es incompatible con una protección estricta de los menores. Al contrario: los autores subrayan que la evidencia procedente de países donde se han adoptado ampliamente alternativas sin humo demuestra que es posible reducir aceleradamente el tabaquismo adulto manteniendo una fuerte protección juvenil, tanto frente al consumo de cigarrillos como frente al vapeo.
 Citan explícitamente casos como Nueva Zelanda, Suecia, Japón y Estados Unidos, donde la regulación de estas alternativas ha ido acompañada de controles claros, marcos normativos específicos y políticas activas de prevención en menores.

Este matiz resulta especialmente relevante para países como España. A diferencia de modelos como el neozelandés —donde la regulación de los productos sin combustión se ha desarrollado de forma paralela a mecanismos estrictos de protección del menor—, el debate en España se ha producido durante años sin un marco regulatorio específico claro, con especial atención a las dificultades de control efectivo de la venta y el acceso de menores a determinados productos. En este contexto, la reciente aprobación de una Proposición No de Ley (PNL) en el Congreso puede leerse como un primer paso político para abordar esta regulación pendiente, abriendo la puerta a un enfoque más ordenado que permita, a la vez, proteger a los menores y ofrecer respuestas más eficaces a los fumadores adultos.

El mensaje central del artículo es que no regular o regular de forma desproporcionada también tiene consecuencias. Tal y como advierten los autores, mientras los cigarrillos siguen siendo ampliamente accesibles, muchas alternativas potencialmente menos dañinas afrontan mayores restricciones, lo que puede terminar protegiendo los productos más peligrosos y limitando el acceso a sustitutos de menor riesgo. Por ello, reclaman un marco regulatorio proporcional al riesgo, que alinee regulación, fiscalidad y comunicación pública con la evidencia científica disponible, siempre bajo un principio irrenunciable: la protección del menor como eje central de cualquier política de salud pública.