Hans-Dieter Flick siempre ha reconocido la gran influencia que tuvo su padre, Hans, en su carrera futbolística, a pesar de tener una relación marcada por la disciplina estricta que forjó su carácter y la pasión por el fútbol que le transmitió desde muy pequeño. El destino ha hecho que el padre del entrenador del Barça no pueda celebrar la que será la segunda liga consecutiva de su hijo en el banquillo blaugrana, que puede llegar esta misma noche en un Clásico contra el adversario ancestral del club. Flick ha tomado la decisión de rendir el mejor homenaje a su padre dirigiendo su equipo, a pesar de vivir un momento muy doloroso, en un partido ya de por sí muy emocional. Pero su padre era un hombre de fútbol, y ganar al Madrid y ganar la Liga es lo mejor que puede hacer el Barça por su memoria. A él le debe Hansi Flick muchas cosas, como ha reconocido en repetidas ocasiones. El amor por el fútbol, su resiliencia y la oportunidad de convertirse en futbolista profesional. Hans fue un hombre muy estricto con su hijo; le inculcó disciplina y lo educó en la cultura del esfuerzo, pero esto marcó su personalidad, como persona, como jugador y después como entrenador. Porque fue esto lo que modeló su estilo de liderazgo opuesto al de su padre; lo llevó a priorizar la confianza en sus jugadores y ver a sus equipos como una familia, lo que fue clave en sus éxitos como el Mundial de 2014, el sextete con el Bayern y, ahora, en el posible doblete en el Barça que puede certificar esta noche.
Flick está convencido de que el éxito y el valor profesional que ha conseguido se remontan a sus experiencias de la infancia. “Estoy muy agradecido a mi padre por todo lo que hizo posible para mí, y sé perfectamente qué quería decir con todo aquello. Pero en aquella época no siempre fue fácil”, reconocía en una entrevista con el Süddeutsche Zeitung en el 2022, cuando era seleccionador alemán. Explicaba el técnico azulgrana que, de pequeño, nunca sabía cómo reaccionaría su padre ante la siguiente decepción, y aprendió muy pronto a “estar atento a los estados de ánimo”. “Quizás de aquí me viene la capacidad de detectar los cambios con tanta precisión”, explicaba Flick. El entrenador considera que esta intuición también le ha sido útil dentro del vestuario: “Intento identificar y resolver los posibles conflictos tan pronto como puedo”. Por eso evita criticar a los jugadores de manera inmediata. “Primero les enseño qué han hecho bien. Antes que nada, hay que generar confianza; después ya hay tiempo para analizar los detalles y mejorar”, aseguró. Hablaba de los jugadores alemanes, pero el tiempo no ha cambiado su manera de llevar los vestuarios, gestionar los egos y tratar a los jugadores, especialmente en un vestuario tan joven como el del Barça, como si fuera un padre, estricto pero comprensivo.
Flick publicó aquel 2022 un libro titulado Wie wir Weltmeister wurden (Cómo llegamos a ser campeones del mundo) que se centra en el proceso que llevó a la selección alemana a ganar la Copa del Mundo de 2014, cuando Flick fue asistente de Joachim Löw, y detalla su rol clave en la preparación táctica y mental del equipo. Incluye anécdotas personales, como la influencia de su padre en su disciplina férrea —como castigos por las derrotas—; le mostraron el camino hacia una filosofía opuesta al estilo paterno que fue clave en éxitos como el de aquel Mundial, y determinante en su carrera como jugador. Flick atribuye a su padre buena parte del mérito de haberlo convertido en un “futbolista de verdad”. A pesar de no haber podido hacer carrera profesional él mismo, Hans Flick volcó muchos esfuerzos en el desarrollo deportivo de su hijo, que desde joven tuvo que asumir responsabilidades importantes. Pero aquellos castigos fueron duros, como cuando tenía 11 años, y después de perder un partido con el equipo juvenil, lo dejó solo en un bosque nevado y tuvo que caminar varios kilómetros para volver a casa. Aquello le sirvió para saber lo que no haría nunca con sus jugadores.
Flick asegura que su padre fue clave en su devenir como jugador de fútbol, hasta el punto de que la familia centró muchos esfuerzos en él después de que tuviera que asumir responsabilidades desde muy joven. En otra entrevista, el técnico del Barça reconocía que “mi madre lo dio a luz a los 16 años (...) mi padre también era muy joven y asumió la responsabilidad de una familia numerosa desde muy joven”, ya que al poco tiempo nació su hermano. “Trabajó duro para darnos una vida digna e hizo todo lo posible para ayudarme a conseguir aquello que él no pudo: convertirme en un verdadero futbolista”.
El técnico recuerda cuando era pequeño y limpiaba las botas de su padre, al que admiraba cuando jugaba en el campo del BSC Mückenloch, donde Hans Flick sénior era conocido como un “nuevo goleador” que, sobre el terreno de juego, transmitía una imagen “libre y despreocupada”, en contraste con el carácter más rígido que mostraba en su vida cotidiana. Hans era el delantero centro del club donde su hijo empezó a jugar entre 1971 y 1976, siguiendo la tradición familiar. A pesar de la oposición de algunos familiares, su padre Hans tuvo que jugar casi a escondidas y transmitió a su hijo la pasión por el fútbol desde bien pequeño: le acompañaba a los partidos y, junto con la madre, Traudel Flick, apoyó en todo momento su trayectoria deportiva. Y le debe especialmente haber evitado una operación en la cadera cuando tenía cinco años y un coche le golpeó mientras iba en bicicleta. Los médicos querían implantarle unos tornillos de titanio, pero su padre se negó. En cambio, le animó a chutar el balón, incluso con la pierna vendada, y le animó a no rendirse nunca. Ahora, en el momento del adiós, sus lecciones de vida tienen más sentido.