Cada vez es más habitual ver a fumadores que no dejan el tabaco de golpe, pero sí empiezan a introducir cambios. Algunos alternan el cigarrillo tradicional con dispositivos como el cigarrillo electrónico o el tabaco calentado. ¿Sirve de algo este paso intermedio? Un estudio reciente realizado en España, con 1.329 consumidores de nicotina, apunta a que en muchos casos sí: combinar ambos tipos de productos puede formar parte de un proceso de reducción del consumo… e incluso del abandono. Entre los participantes del estudio hay 175 personas residentes en Catalunya (13,2 % de la muestra), lo que permite acercar estas conclusiones a una realidad que también se vive en el día a día de muchos fumadores catalanes.
Tabaco convencional o sin combustión: ¿qué llega antes?
Uno de los datos más claros de este nuevo estudio es que la mayoría de los usuarios, el 89 %, se inicia en el hábito del tabaco con los cigarrillos convencionales, y lo hacen normalmente entre los 16 y los 18 años. El paso a alternativas sin combustión llega más tarde (de media, a los 27 años), lo que sugiere que estos dispositivos no actúan como puerta de entrada, sino como una opción que aparece cuando la persona ya lleva tiempo fumando.
Menos cigarrillos en el día a día
¿Qué ocurre cuando el consumidor de tabaco convencional se pasa a las alternativas sin humo? El estudio observa que se produce una reducción significativa del consumo de tabaco entre quienes combinan ambos productos. Así, según los datos de la investigación, quienes alternan cigarrillos convencionales con vapeadores o tabaco calentado fuman alrededor de un 34 % menos de cigarrillos al año que quienes solo consumen cigarrillos tradicionales. En un periodo de cinco años, la reducción puede alcanzar el 42 %. Además,
¿Una etapa hacia dejarlo?
Un 44 % de los usuarios de tabaco calentado afirma que utiliza estos dispositivos con la intención de reducir o dejar el consumo de cigarrillos. Así, lejos de ser una situación permanente, el llamado “uso combinado” puede ser un paso intermedio. De hecho, casi uno de cada cinco usuarios declara haber dejado completamente el consumo de nicotina. Esto apunta a que, para algunos fumadores, el cambio no es inmediato, sino progresivo: reducir primero, cambiar hábitos después, y, en algunos casos, abandonar.
Un debate abierto sobre cómo regular
Estos resultados se suman a un debate que sigue abierto: si todos los productos de nicotina deben tratarse de la misma manera. El estudio plantea que no todos tienen el mismo nivel de riesgo y que entender mejor cómo evolucionan los fumadores (si reducen, cambian o abandonan) podría ayudar a diseñar políticas públicas más ajustadas a la realidad.