Tener coche durante la jubilación puede dar libertad, comodidad y sensación de independencia. Sin embargo, los economistas recuerdan que no siempre compensa mantenerlo, especialmente si se usa poco y la pensión es ajustada. Seguro, combustible, revisiones, ITV, impuestos, reparaciones, aparcamiento y posibles averías convierten el coche en uno de los gastos fijos más importantes de muchos hogares.
Y es que muchos jubilados conservan el vehículo por costumbre y no lo hacen por una necesidad real. Durante la vida laboral era imprescindible para ir al trabajo, llevar a los hijos o moverse cada día. Pero al jubilarse, los desplazamientos cambian. Si el coche solo se usa para trayectos puntuales, compras pequeñas o alguna visita ocasional, quizá conviene hacer números.
El coche cuesta aunque esté parado
La realidad es que un coche genera gasto incluso cuando apenas se mueve. El seguro debe pagarse cada año, la ITV llega cuando corresponde, el mantenimiento no desaparece y cualquier avería puede convertirse en un problema serio para una pensión baja o media. De este modo, algunos jubilados pueden estar destinando cientos o incluso miles de euros al año a un vehículo que usan muy poco. A eso se suma la pérdida de valor del coche con el paso del tiempo y el aumento de restricciones en algunas ciudades, donde circular o aparcar puede ser cada vez más complicado.
También hay un factor de seguridad. Con la edad pueden aparecer problemas de vista, reflejos, movilidad o cansancio. No significa que todos los mayores deban dejar de conducir, pero sí que conviene revisar con honestidad si el coche sigue siendo una herramienta útil o una fuente de preocupación.
Hay alternativas más baratas
El punto clave es comparar. Transporte público, taxi ocasional, coche compartido, ayuda familiar, servicios municipales o alquiler puntual pueden salir mucho más baratos que mantener un coche todo el año. Si una persona solo necesita vehículo unas pocas veces al mes, pagar cada gasto fijo puede no tener sentido. Eso sí, la decisión depende mucho del lugar donde se viva. En un pueblo o una zona mal comunicada, el coche puede seguir siendo imprescindible. En una ciudad con buenos servicios, quizá no.
Así pues, los economistas no recomiendan vender el coche a todos los jubilados, pero sí revisar su utilidad real. Si el vehículo apenas se usa, cuesta demasiado mantenerlo o ya genera inseguridad, puede ser el momento de plantearse otras opciones. A veces, dejar el coche no significa perder independencia, sino ganar tranquilidad económica.
