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Muchos jubilados hacen sus cuentas pensando únicamente en la pensión que cobran cada mes, pero cada vez más economistas advierten de que el problema no siempre está solo en la cuantía reconocida. En muchos casos, la pensión parece suficiente sobre el papel, pero empieza a quedarse corta cuando aparecen gastos que no estaban previstos o que van creciendo con la edad. Y ahí es donde muchos mayores descubren que su margen real es mucho menor del que pensaban.

Y es que la jubilación no elimina los gastos, sino que cambia su naturaleza. Algunas partidas desaparecen, pero otras ganan mucho peso. Los expertos señalan cinco especialmente delicadas: gastos médicos no cubiertos, reformas en casa, ayuda doméstica, apoyo económico a hijos o nietos y seguros que se encarecen con los años. Todas tienen algo en común, como lo es que pueden comerse una parte importante de la pensión sin que el jubilado lo vea venir.

Los gastos de salud y vivienda pesan cada vez más

La realidad es que no todo está cubierto por la sanidad pública. Prótesis dentales, gafas, audífonos, fisioterapia o determinados tratamientos pueden suponer desembolsos elevados. Una prótesis dental o unos audífonos pueden costar miles de euros, y muchos jubilados acaban recurriendo a servicios privados para evitar listas de espera.

Pensionista. Unsplash

A eso se suman las reformas del hogar. Con la edad, una vivienda que antes era cómoda puede volverse poco práctica. Cambiar una bañera por una ducha, instalar pasamanos, eliminar barreras o mejorar la accesibilidad son decisiones necesarias para mantener autonomía, pero también implican dinero. Y si además hay que mudarse a una casa más adaptada, el coste puede dispararse.

Ayudar a la familia también reduce la pensión disponible

Otro gasto silencioso es la ayuda doméstica o el cuidado personal. Lo que empieza como unas horas de limpieza puede acabar convirtiéndose en asistencia regular. Con precios que rondan los 15 o 20 euros por hora, el gasto mensual puede crecer muy rápido. En casos de dependencia elevada, un cuidador puede superar fácilmente la pensión de muchos mayores. También está el apoyo a hijos o nietos. Muchos jubilados destinan parte de su pensión a ayudar a familiares con alquiler, desempleo, separaciones o gastos imprevistos. Es una ayuda comprensible, pero si se vuelve recurrente puede poner en riesgo su propia estabilidad.

Así pues, los economistas recomiendan revisar estos gastos antes de que se conviertan en un problema. Porque una pensión no solo se reduce por lo que se cobra, sino también por todo aquello que se paga sin planificación.