Un equipo de investigadores ha descubierto algo extraño respecto a la muerte de una estrella en un planeta; el mismo llamado WD 1856 b tiene ocho veces la masa de Júpiter y continúa orbitando alrededor del pequeño núcleo que dejó esta estrella. Un exoplaneta que se encuentra a 81 años luz de la Tierra; su entorno es muy difícil de explicar.
Los investigadores están descartando teorías para poder reconstruir su caso de sobrevivencia y cómo fue que terminó en una órbita tan cerrada. Está 50 veces más cerca de su estrella que la Tierra del Sol; puede completar una vuelta cada 1,4 días. El mencionado exoplaneta gira alrededor de una enana blanca, lo que queda cuando una estrella se consume. En ese proceso, el astro se expande y entra en una fase conocida como gigante roja. Al expulsar sus capas exteriores, el núcleo se comprime y alcanza un tamaño similar al de nuestro planeta.
El curioso planeta donde su estrella murió hace 5.000 millones de años y sigue en el sistema
La información indica que la estrella original habría tenido hasta el doble de la masa solar; WD 1856 b permaneció en el sistema y fue descubierto originalmente en el 2020. Es la primera prueba de que un planeta puede sobrevivir al final de una estrella de su tipo. Fue gracias al telescopio espacial James Webb y a las constantes observaciones hechas que se ha podido conocer mejor. El planeta contiene hidrógeno y helio, similar a Júpiter, pero su atmósfera tiene una cantidad elevada de metano, cosa que es bastante inusual. Su temperatura es de 127 grados centígrados aproximadamente. El calor podría relacionarse con las fuerzas gravitatorias intensas por el desplazamiento hacia la estrella. La enana blanca masiva tiene un tamaño reducido. WD 1856 b tiene un volumen casi 500 veces mayor que el objeto alrededor del que gira.
¿Cómo pudo permanecer sin sufrir una colisión y destruirse? Una de las teorías es que el planeta fue engullido durante la expansión de la estrella, consiguiendo sobrevivir cerca del núcleo. Otra indicaría que el exoplaneta estaba situado a una distancia segura; después de la formación de la enana blanca, las interacciones gravitatorias pudieron haber modificado la trayectoria, siendo empujada hacia su posición actual. Este hallazgo es muy importante de cara al futuro del sistema solar. En otros 5.000 millones de años, el Sol se va a expandir hasta ser una gigante roja. Su tamaño se multiplicaría a tal grado que podría desaparecer Mercurio y Venus.
Los planetas más alejados podrían sobrevivir y seguirán girando sobre las futuras enanas blancas. Por eso, WD 1856 b indica que es posible superar la muerte de una estrella, pero su destino es muy complejo. El futuro de nuestro planeta es aún más incierto. La totalidad del estudio, donde uno de los autores principales del mismo es el astrofísico Christopher O'Connor, fue publicado en la revista Nature.