Dormir más horas no siempre equivale a descansar mejor, especialmente en la jubilación. Con el cambio de rutinas, algunas personas empiezan a acostarse antes, levantarse más tarde o pasar más tiempo en la cama porque ya no tienen horarios laborales. Sin embargo, permanecer muchas horas acostado puede fragmentar el sueño y hacer que, paradójicamente, uno se levante con más sensación de cansancio.
El problema suele aparecer cuando el tiempo en cama supera claramente las horas reales de sueño. Si una persona se acuesta sin tener sueño, se despierta varias veces o permanece mucho rato despierta por la mañana, el cerebro puede terminar asociando la cama con estar despierto en lugar de con dormir. Por eso, más que alargar el descanso, conviene cuidar la regularidad y la calidad.
Mantener los horarios es más importante que dormir más
Uno de los hábitos más útiles es levantarse aproximadamente a la misma hora cada día, incluso después de una noche peor. Esa regularidad ayuda a reforzar el ritmo circadiano y facilita que el sueño aparezca de manera más natural por la noche. También conviene acostarse cuando realmente aparece somnolencia, no simplemente porque “ya toca”.
La exposición a la luz natural por la mañana también puede ayudar. Salir a caminar, desayunar cerca de una ventana luminosa o realizar alguna actividad al aire libre contribuye a marcar al organismo que el día ha comenzado. Por la noche, en cambio, resulta recomendable reducir estímulos intensos y mantener una rutina más tranquila.
Las siestas largas pueden complicar el sueño nocturno
Otro punto que conviene revisar son las siestas. Dormir unos minutos después de comer puede resultar agradable, pero las siestas muy largas o demasiado tardías pueden reducir la presión de sueño y hacer que cueste más conciliarlo por la noche. Si esto ocurre de forma habitual, se puede entrar en un círculo de dormir peor de noche y compensar pasando todavía más tiempo en la cama durante el día. Eso no significa que todas las personas necesiten dormir exactamente las mismas horas. Las necesidades varían y también cambian según la salud, la actividad física y otros factores. Lo importante es observar cómo se siente uno durante el día.
Si pese a pasar muchas horas en cama existe somnolencia intensa, ronquidos fuertes, pausas respiratorias, insomnio persistente o despertares continuos, conviene consultarlo con un profesional sanitario. Dormir más no siempre arregla el problema. En muchos jubilados, revisar horarios, siestas y tiempo real en cama puede ser más útil que intentar sumar horas de sueño.
