Mentir es una conducta humana tan antigua como compleja. En la vida cotidiana, la mentira suele generar rechazo inmediato, enfado o desconfianza. Sin embargo, Dany Blázquez, psicólogo, propone un enfoque distinto y profundamente terapéutico cuando afirma: “No nos importa que una persona nos mienta, no somos jueces”. Su reflexión invita a ir más allá del acto en sí y a preguntarnos qué hay detrás de una mentira y cómo deberíamos responder ante ella, especialmente en contextos de relación y de ayuda psicológica.
Blázquez subraya que la psicología no trabaja desde el castigo ni desde el juicio moral, sino desde la comprensión. Mentir no convierte automáticamente a alguien en “malo” o “manipulador”, sino que suele ser una señal de algo más profundo que merece ser escuchado.
Qué hay detrás de una mentira
Según explica Dany Blázquez, la mentira casi nunca es el problema real, sino un síntoma. Las personas mienten por múltiples razones: miedo al rechazo, vergüenza, necesidad de protección, deseo de encajar o dificultad para afrontar una verdad dolorosa. En muchos casos, mentir es una estrategia —consciente o no— para sobrevivir emocionalmente.
El psicólogo señala que cuando alguien miente, lo importante no es desenmascararlo, sino entender qué función cumple esa mentira. ¿Qué está intentando evitar? ¿Qué teme perder? ¿Qué parte de sí mismo siente que no puede mostrar? Desde esta perspectiva, reaccionar con enfado o juicio solo refuerza la necesidad de seguir ocultando la verdad.
Blázquez insiste en que, en un espacio terapéutico o en una relación sana, la respuesta adecuada no es la acusación, sino la curiosidad empática. Preguntar, escuchar y crear un entorno seguro facilita que la persona pueda, con el tiempo, dejar de mentir sin sentirse atacada.
El impulso de juzgar y encasillar
Uno de los puntos clave que plantea Dany Blázquez es la tendencia humana a juzgar rápidamente. Vivimos en una sociedad que etiqueta con facilidad: “si miente, es mala persona”, “si falla, no es fiable”. Este impulso de encasillar responde a la necesidad de simplificar la realidad y sentir control, pero tiene un coste alto en las relaciones humanas.
El psicólogo advierte que reducir a una persona a uno de sus actos es profundamente injusto. Todos somos más que nuestros errores, nuestras mentiras o nuestros momentos de debilidad. Sin embargo, los prejuicios actúan como filtros que nos impiden conocer al otro en profundidad.
Blázquez defiende que no somos jueces de nadie. No nos corresponde dictar sentencias morales, sino comprender contextos. Esto no significa justificar cualquier conducta, sino separar a la persona de su comportamiento. Una cosa es señalar un límite y otra muy distinta es condenar a quien lo cruza.
En definitiva, Dany Blázquez propone una mirada más humana y menos punitiva. Entender la mentira como una señal y no como una traición automática permite construir relaciones más honestas y espacios donde la verdad pueda aparecer sin miedo. Porque, como recuerda el psicólogo, cuando dejamos de juzgar, empieza la posibilidad real de cambio.
