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Esperar a tener sed para beber agua puede no ser suficiente a medida que pasan los años. En las personas mayores, la sensación de sed puede volverse menos intensa y aparecer cuando el organismo ya ha empezado a perder más líquido del conveniente. Por eso, uno de los hábitos que conviene reforzar en la jubilación es beber de forma regular a lo largo del día, incluso cuando no existe una necesidad evidente.

Esto no significa forzarse a tomar grandes cantidades de agua sin control. La idea es evitar pasar muchas horas sin beber nada y depender únicamente de la sed como señal. Mantener una hidratación adecuada ayuda a conservar un buen funcionamiento físico y cognitivo y puede ser especialmente importante durante los meses de calor, cuando aumentan las pérdidas de agua.

Con la edad, la sensación de sed puede ser menos fiable

El envejecimiento modifica algunos mecanismos que regulan el equilibrio de líquidos. Una persona mayor puede sentir menos sed pese a necesitar agua y, además, existen situaciones que aumentan el riesgo de deshidratación: tomar ciertos medicamentos, tener fiebre, sufrir diarrea o pasar tiempo en ambientes muy calurosos. Por eso resulta útil incorporar el agua a la rutina. Beber al levantarse, acompañar las comidas con agua y tomar pequeñas cantidades entre horas puede ser más efectivo que intentar recuperar todo el líquido de golpe al final del día.

Consumo de agua / Foto: Unsplash

También cuentan otros alimentos y bebidas. Frutas, verduras, sopas, leche o infusiones pueden contribuir a la hidratación. Lo importante es que el consumo de líquidos sea constante y se adapte a las necesidades de cada persona, especialmente cuando cuesta beber agua sola.

Crear una rutina puede evitar olvidarse de beber

Tener una botella o un vaso a la vista puede ayudar mucho. También puede ser útil asociar el agua a acciones cotidianas, como tomar la medicación, comer, volver de caminar o sentarse a leer. Son pequeños recordatorios que reducen la dependencia de una sensación de sed que puede aparecer demasiado tarde. Hay que prestar atención a señales como boca seca, orina muy oscura, cansancio poco habitual, dolor de cabeza o mareo, aunque estos síntomas también pueden tener otras causas. Una deshidratación importante requiere valoración médica.

Tampoco existe una cantidad idéntica para todo el mundo. Las personas con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal u otras patologías pueden necesitar restricciones específicas de líquidos. Por eso, si existe alguna indicación médica, debe prevalecer siempre sobre cualquier recomendación general. En la jubilación, beber bien no consiste en esperar a sentir mucha sed. Convertir la hidratación en una costumbre repartida durante todo el día puede ser una forma sencilla de cuidar la salud y prevenir problemas evitables.