Susanna Griso ha recordado una infancia que hoy resultaría difícil de imaginar para muchos padres. La periodista explicó que, con solo ocho años, hacía sola un trayecto de más de una hora para llegar al colegio, combinando tren y autobuses. Una rutina que entonces podía verse como algo normal, pero que ahora sería considerada excesivamente arriesgada para una niña de esa edad.
“Lo mío era horroroso. Yo tenía que coger un tren y dos autobuses. Tardaba una hora y cuarto en llegar, e iba sola con ocho años”, contó Griso, sorprendiendo a quienes escuchaban la anécdota. Ella misma añadió que, en la actualidad, probablemente sus padres habrían recibido críticas muy duras por permitir una situación así.
Una infancia con mucha más autonomía
La experiencia de Griso refleja también una diferencia generacional. Hace décadas era mucho más habitual que los niños fueran solos al colegio, pasaran horas fuera de casa o asumieran pequeñas responsabilidades desde edades muy tempranas. La percepción del riesgo era diferente y las familias confiaban más en que los menores se desenvolvieran por sí mismos.

Eso no significa que aquel modelo fuera necesariamente mejor. Un trayecto de una hora y cuarto con varios transportes públicos supone una exigencia considerable para una niña de ocho años. Sin embargo, Griso recuerda aquella situación como parte de una época en la que la autonomía infantil llegaba mucho antes.
“Hoy hubieran denunciado a mis padres”
La frase de la periodista resume bien cómo han cambiado las expectativas alrededor de la crianza. Hoy muchos padres acompañan a sus hijos durante mucho más tiempo y existe una vigilancia mucho mayor sobre desplazamientos, horarios y posibles peligros. Lo que antes podía interpretarse como independencia ahora puede generar preocupación.
Griso utiliza el humor para explicar ese contraste, pero detrás de la anécdota hay una reflexión sobre cómo cambia la sociedad. Las mismas decisiones familiares pueden ser vistas de manera completamente diferente según la época.
A pesar de describir aquella rutina como “horrorosa”, la periodista consiguió desenvolverse desde muy pequeña en un entorno que exigía orientación, responsabilidad y capacidad para resolver imprevistos. Una autonomía que probablemente también contribuyó a formar parte de su carácter. Su recuerdo no pretende convertir aquella experiencia en un modelo a seguir, sino mostrar hasta qué punto han cambiado las normas no escritas de la infancia. Lo que para ella era simplemente ir al colegio, hoy parecería una aventura impropia para una niña de ocho años.