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Esperar a tener sed para beber agua puede no ser suficiente a medida que pasan los años. En muchas personas mayores, la sensación de sed se vuelve menos intensa y aparece más tarde, cuando el organismo ya ha empezado a perder una cantidad importante de líquido. Ese retraso aumenta el riesgo de deshidratación, un problema que puede pasar desapercibido al principio pero que, si progresa, puede terminar afectando al equilibrio, la presión arterial, el funcionamiento renal e incluso al estado mental.

La clave no está en beber enormes cantidades de golpe, sino en mantener una hidratación regular durante todo el día. En la jubilación puede ser útil convertir el agua en una rutina: beber al levantarse, acompañar las comidas con líquidos y tomar pequeñas cantidades entre horas. Así se evita depender exclusivamente de una señal de sed que puede ser menos fiable que en personas jóvenes.

La deshidratación aparece antes de que llegue la sed

Con la edad, el organismo puede tener más dificultades para conservar el equilibrio de líquidos. Además, algunos medicamentos, las altas temperaturas, la fiebre, los vómitos o la diarrea pueden acelerar la pérdida de agua. Si a eso se suma una sensación de sed menos marcada, es fácil pasar varias horas sin beber lo suficiente.

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Las primeras señales pueden ser discretas. La boca seca, la orina más oscura, el cansancio, el dolor de cabeza o cierta sensación de mareo pueden aparecer cuando falta líquido. En casos más importantes también puede haber debilidad, confusión o una bajada de la presión arterial que facilite caídas al ponerse de pie.

Crear una rutina para prevenir olvidos

Una botella visible sobre la mesa puede ser más efectiva que esperar a sentir sed. También funciona asociar el agua a momentos concretos del día, como tomar la medicación, volver de caminar, desayunar o sentarse a leer. No todo tiene que ser agua: frutas, verduras, sopas, leche o infusiones también contribuyen a la hidratación. Eso sí, tampoco existe una cantidad idéntica para todo el mundo. Algunas personas con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal u otros problemas necesitan limitar los líquidos y deben seguir siempre las indicaciones de su médico.

La deshidratación grave no es un problema menor. Puede requerir atención médica, especialmente si aparecen confusión, desmayos, incapacidad para beber o una reducción marcada de la orina. Por eso, en muchos jubilados, la mejor estrategia no es esperar a tener mucha sed, sino adelantarse y beber pequeñas cantidades de forma regular a lo largo del día.