Algunos jubilados pueden beneficiarse de deducciones fiscales de hasta 300 euros por realizar actividad física, una medida que ha pasado relativamente desapercibida pero que puede suponer un alivio económico interesante en la declaración de la renta. No se trata de una ventaja estatal generalizada, sino de incentivos autonómicos diseñados para fomentar el envejecimiento activo y los hábitos saludables entre la población mayor.

El trasfondo de estas deducciones es claro. Las administraciones autonómicas buscan promover la prevención en salud pública, incentivar la movilidad y reducir el sedentarismo, especialmente en personas de edad avanzada. La práctica regular de ejercicio físico está directamente vinculada a una mejor calidad de vida, menor incidencia de enfermedades crónicas y una mayor autonomía personal, factores que explican la aparición de estos beneficios tributarios.

Comunidades donde ya existen estos incentivos

La aplicación concreta de estas deducciones depende de cada comunidad autónoma, ya que son las haciendas regionales las que regulan su alcance. Regiones como la Comunidad Valenciana, Galicia, Castilla y León, La Rioja o Aragón han aprobado fórmulas que permiten desgravar parte de los gastos asociados a la actividad deportiva. Aunque los detalles varían, la filosofía es similar: premiar el gasto en salud preventiva.

Imagen de un jubilado en un parque | Europa Press

En la práctica, estas deducciones suelen dirigirse a jubilados, mayores de 65 años o contribuyentes en determinadas situaciones personales. También es habitual que se establezcan límites de renta, de modo que el beneficio fiscal se concentre en perfiles con ingresos moderados o reducidos. No es un incentivo universal, sino condicionado al cumplimiento de requisitos económicos y personales.

Qué gastos pueden incluirse en la deducción

Uno de los aspectos más relevantes es el tipo de desembolsos que pueden computar. Las normativas autonómicas suelen admitir cuotas de gimnasios, clases dirigidas como yoga, pilates o natación, actividades deportivas municipales e incluso programas específicos de envejecimiento activo. La clave es que el gasto esté debidamente justificado y vinculado a la práctica física.

No basta con haber realizado la actividad. Es imprescindible conservar facturas, recibos o justificantes de pago que acrediten el desembolso. La deducción no se aplica de forma automática, sino que debe incluirse correctamente en la declaración de la renta correspondiente al ejercicio fiscal.

La cuantía del beneficio varía según la comunidad. En algunos casos se fija un porcentaje del gasto, normalmente entre el 15% y el 30%, mientras que en otros se establece un límite máximo anual que puede rondar los 300 euros. Para muchos jubilados, especialmente quienes mantienen una rutina deportiva, esta medida puede traducirse en un ahorro fiscal tangible.