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Tal día como hoy del año 1499, hace 527 años, en el castillo de Saint-Vallier (entonces provincia francesa del Delfinado) nacía Diana de Poitiers, que en el transcurso de su vida se convertiría en la mujer más rica de Francia y, gracias a su belleza física y a su condición económica, en la amante principal del rey Enrique II de Francia, incluso más que la propia reina consorte Catalina de Médici. Diana, nacida y criada en una familia feudal del condado occitano de Auvernia, fue casada, con tan solo 13 años, con Louis de Brézé, senescal de Normandía, que tenía 53 (1512). Al enviudar (1531), heredó la gran fortuna de su difunto marido, la administró con gran acierto y se convirtió en la mujer más rica del reino de Francia.

Aprovechando esta condición, logró aproximarse a Enrique, delfín de Francia —hijo y heredero del rey Francisco I y futuro Enrique II— y convertirse en su amante principal. En aquel momento (1534), Enrique tenía 15 años y ya lo habían casado con Catalina de Médici, de su misma edad. Y Diana tenía 25. Pero, según las crónicas de la época, tenía el aspecto de una persona de poco más de 20 años. Las mismas crónicas no lo atribuían a la naturaleza de Diana, sino a que consumía oro líquido. Diana sería la amante de Enrique II hasta la prematura desaparición del rey (1559), muerto debido a un accidente en un torneo (la lanza de su rival se rompió y un trozo de madera le entró por el ojo derecho hasta el cerebro).

Durante el cuarto de siglo que fue amante principal del delfín y después rey Enrique (1535-1559), Diana se convirtió, también, en la mujer más poderosa del reino. Perteneció a la facción más radical del partido católico, formada por las aristocracias nobiliarias del reino, e influyó para que el rey ordenara persecuciones contra las comunidades protestantes calvinistas, articuladas por las élites mercantiles urbanas. A la muerte del rey (1559), la reina viuda Catalina de Médici —quien la detestaba profundamente— la obligó a devolver todas las joyas que le había regalado Enrique, la expulsó de la corte y la desterró fuera de París. Moriría unos años más tarde (1566), en su castillo de Anet (Normandía), debido a una intoxicación crónica por consumo de oro líquido.