Tal día como hoy del año 1803, hace 223 años, en Baeza (antiguo Reino de Granada), moría Pablo de Olavide, quien, junto con Antoni de Campmany, había sido el creador del proyecto colonizador Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y de Andalucía. El proyecto de Olavide y Campmany (1767 -1784) había poblado y puesto en explotación amplias zonas de Sierra Morena (antiguo Reino de Granada) y del desierto de Écija (antiguo Reino de Sevilla), con colonos reclutados en Baviera, el Piamonte y Valonia —en una primera remesa— y en Catalunya y el País Valencià (especialmente en las comarcas de Lleida y de Alacant) —en una segunda remesa—.
A inicios del reinado de Carlos III, el cuarto Borbón en el trono hispánico (década de 1760), y del gobierno de su primer ministro, el napolitano ilustrado Squillace, el poder español valoró la posibilidad de colonizar y poner en explotación amplias zonas despobladas y yermas, con el objetivo de incrementar los recursos tributarios del Estado. Inicialmente, se estudió una intervención en la colonia de Río de la Plata (el territorio situado al sur de Buenos Aires), pero finalmente se optó por el valle del Guadalquivir —en la península ibérica—, con el objetivo añadido de incrementar el control sobre un territorio que, en aquel momento, era un nido de bandolerismo.
Olavide presentó su proyecto y ganó la confianza de la Corona, y con su socio Campmany contrataron al intermediario bávaro Kaspar Thurriegel, que tendría la misión de reclutar a 1.500 familias para repoblar y poner en explotación aquellas comarcas. El rey Carlos III impondría la obligación de que las familias colonizadoras fueran de religión católica y, por ello, Thurriegel reclutaría a aquellos pioneros en países de tradición católica, como Baviera, el Piamonte (sobre todo en las regiones montañosas que actualmente forman parte de la Saboya francesa y de la Suiza de habla italiana) y Valonia (la mitad sur de la actual Bélgica).
Las dificultades de adaptación de estos nuevos pobladores a las condiciones climatológicas del valle del Guadalquivir y la hostilidad de los terratenientes del territorio provocaron varios abandonos e, incluso, muertes, lo que redujo aquel contingente en un 30 %. Aquella pérdida sería compensada con una segunda remesa de colonizadores, que, en aquella ocasión, serían reclutados en las comarcas de Lleida y de Alacant, y que serían concentrados principalmente en Sierra Morena. Los viajeros franceses del romanticismo que posteriormente viajarían por la zona dirían que, en la comarca de Linares, las mujeres “vestían a la moda catalana”.
