Imaginaros que vais al restaurante que os gusta con unos amigos y, a la hora de elegir el plato, te planteas si quieres ese plato favorito que siempre escoges o quizás vale la pena probar otro. Lo más seguro es que os animéis a probar algún otro plato en alguna ocasión, pero que finalmente acabéis volviendo al plato que más os gusta. Este tipo de decisión es muy común en nuestra vida; continuamente elegimos entre mantener una determinada decisión o cambiarla para explorar otras posibilidades, por ejemplo, cuando elegimos un restaurante, un plato, cuando escogemos pareja o cuando compramos un piso. Lo que quizás no sepáis es que hay científicos que estudian matemáticamente este tipo de comportamiento.
Una de las primeras personas en dar una solución al problema fue Richard Feynman, un físico que ganó el Premio Nobel de Física en 1965, claramente excéntrico, pero un genio intelectual único, con gran capacidad comunicativa y divulgadora, que escribió libros sobre física que son icónicos. En California, una noche de los años setenta, fue a cenar con su amigo a un restaurante tailandés en el que a menudo se encontraban para cenar. Mientras su amigo dirimía en voz alta si cambiar el plato que siempre pedía por otro nuevo, Feynman le dijo que esta era una cuestión que se podía solucionar matemáticamente y, sin pensárselo ni dos veces, escribió con su letra puntiaguda y enrevesada la fórmula matemática que podía predecir cómo optimizar la decisión de atreverse a explorar nuevos platos respecto a mantenerse en la decisión conocida y segura —en la zona de confort—. Una vez que habían cenado, su amigo recogió el papel con las fórmulas y más adelante las intentó entender y transcribir. Ahora bien, entre la psicología del comportamiento y la matemática, ¿tenía razón Feynman? ¿Podemos hacer una disección matemática de un comportamiento humano exploratorio?
Pues bien, recientemente, un grupo de científicos decidió comprobar si la propuesta de resolución algorítmica es realmente acertada y han realizado un experimento, reclutando a 2.520 personas en un juego digital en línea. En lugar de elegir un plato, se trataba de elegir un restaurante en una nueva ciudad en la que nunca habían estado, todas las noches durante cuatro semanas. Según si elegían un restaurante u otro, conseguían puntos, que podían ser desde 1 punto hasta 100 puntos, dependiendo de la calidad del restaurante escogido. Ganaba el jugador que tuviera más puntos. Los científicos observan que, al inicio, todas las personas exploran hasta que encuentran restaurantes con más puntos, y siempre llega un momento umbral en que existe una mayor resistencia a cambiar y buscar nuevos, sino que se prefiere repetir un restaurante el resto de días, de forma totalmente similar a la predicha por el algoritmo propuesto por Feynman hace más de cincuenta años. Evidentemente, los jugadores no hacen los cálculos matemáticos —que implican raíces cuadradas—, pero su comportamiento se aproxima mucho a la predicción. Lo que quiere decir es que, intuitivamente, los humanos hacemos cálculos de riesgos y probabilidades, de forma consistente, para intentar optimizar este tipo de decisiones en nuestra vida, entre decidir un camino establecido y hacer lo que nos gusta más, respecto a la exploración de lo desconocido.
En este artículo, no solo se presenta una imagen del papel con los garabatos y las fórmulas de Feynman demostrando la aproximación matemática a la capacidad de decisión, sino que la desarrollan para hacerla generalizable, ya que demuestran que el momento umbral del cambio de decisión depende de la distribución de la calidad de las opciones. Es decir, si lo aplicamos al problema de la pregunta del cambio del plato preferido por otro, la decisión dependerá de si los otros platos nos tientan o no, es decir, si son opciones que nos parecen lo suficientemente sugerentes para intentar el cambio o, en el cálculo que hacemos mentalmente de forma inconsciente, pensamos que la recompensa no será suficiente y no nos merece la pena el cambio. Piénsenlo la próxima vez que decidan si prefieren fricandó o suquet de rape, arroz negro o fideuá.