Tal día como hoy del año 1540, hace 486 años, moría en Brujas (Flandes) el filósofo, teólogo, pedagogo, sociólogo y politólogo Juan Luis Vives i March, considerado uno de los máximos representantes del humanismo europeo y uno de los más destacados intelectuales de la historia de Europa. Vives, nacido en València el 6 de marzo de 1492 en una familia de judíos conversos catalanohablantes, se vio forzado al exilio, que se prolongaría prácticamente durante toda su existencia, para escapar de la implacable persecución de la Inquisición hispánica. Sus verdaderos apellidos eran Abenfaçam-Xaprud, y durante su exilio su padre, sus hermanos y varios parientes que habían permanecido en València murieron quemados en los autos de fe inquisitoriales.
En el transcurso de su vida ejercería de profesor en las universidades de París, Lovaina y Oxford, y sería el preceptor de personalidades que, posteriormente, tendrían importantes responsabilidades políticas, como María Tudor, futura reina de Inglaterra; Reginald Pole, futuro arzobispo de Canterbury, y Mencía de Mendoza, futura virreina de València y una de las figuras intelectuales más destacadas de la época. También sería el preceptor de personalidades que ya ejercían responsabilidades políticas y eclesiásticas, y que se querían formar en la corriente humanista, como Guillermo de Croy, arzobispo de Toledo, y Catalina de Aragón, reina de Inglaterra. Y también sería preceptor de otros preceptores que desarrollarían esta tarea formando a los hijos de diversas casas reales europeas.
Juan Luis Vives mantuvo una estrecha amistad con Catalina de Aragón (sobre todo durante la estancia del profesor valenciano en Inglaterra). La esposa de Enrique VIII y reina de Inglaterra sería una de las figuras políticas más destacadas de la Europa de su época. Rivalizaría con su marido por el control del poder de la cancillería de Londres. Según el propio Juan Luis Vives, se comunicaban en catalán, y esto quedaría demostrado cuando dejaría escrito que la reina de Inglaterra y él eran “de la misma nación”. En este punto es importante destacar que, en la época, la identidad nacional estaba marcada por la pertenencia a una comunidad lingüística o a una comunidad confesional.
