Tal día como hoy del año 1712, hace 314 años, en Barcelona, moría Narcís Feliu de la Penya i Farell. Nacido en Barcelona en 1642 —durante la Guerra de Separació de Catalunya (1640-1652/59)— en una familia de la burguesía local, estudiaría derecho e historia y recogería el proyecto político y económico iniciado por Pau Claris —president de la I República catalana (1641)— y por Joan Pere Fontanella —secretario de Estado (1641-1643)—, inspirado en el modelo mercantil de los Países Bajos independientes. Y, superada la crisis económica provocada por la ocupación hispánica de Catalunya (a partir de 1680), formularía una ideología basada en aquella iniciativa que tendría una gran aceptación entre la clase mercantil catalana. Feliu de la Penya resumiría aquella ideología proyectista con la cita “Catalunya, la Holanda del Mediterráneo”.
La idea de Feliu de la Penya aspiraba a desplegar el tejido fabril y mercantil de Catalunya para convertir al país en una potencia económica. El inicio de esta expansión se produciría a caballo de los siglos XVII y XVIII y se escenificaría con la creación de importantes iniciativas fabriles y de estratégicas infraestructuras. En Reus, se crearía la primera fábrica moderna de la historia de Catalunya (1694): la fusión de diversos talleres familiares de fabricación de aguardiente, promovida por su amigo inglés Mitford Crowe (posteriormente, el representante inglés en el Pacto de Génova, entre el gobierno de Inglaterra y el partido austracista catalán, 1705). Y en Barcelona, desde su posición de fundador de la Compañía Mercantil de la Santa Creu —pionera en Catalunya—, impulsaría las obras de construcción del primer muelle del Port de Barcelona (1696).
Durante la primera fase del reinado de Felipe V (1701-1705), fue un miembro destacado de la burguesía barcelonesa y defendió la causa de Arnold Jager, negociante neerlandés —naturalizado catalán por matrimonio— que fue especialmente perseguido por el régimen borbónico. En aquel escenario de terror creado por el virrey Fernández de Velasco, sería detenido y dejaría escrito que lo tuvieron encarcelado “durante quince meses, sin decirnos por qué ni formarnos causa” (1704-1705). Con el desembarco de Carlos de Habsburgo y la expulsión de las autoridades borbónicas de Catalunya, sería liberado. Continuó trabajando por la difusión de su ideología y moriría el 14 de febrero de 1712, en su casa, a la edad de 70 años. No vio ni el asedio borbónico (1713-1714) ni la caída de la capital de Catalunya (12 de septiembre de 1714).
