Tal día como hoy del año 1812, hace 209 años, en La Habana (capital de la —entonces — colonia española de Cuba); un incendio de gran magnitud devastó los barrios del Manglar (que concentraba el segmento de población más humilde de la ciudad) y del Astillero (formado por obradores y tiendas que, en buena parte, eran regentados por comerciantes catalanes). Según las fuentes documentales, cuando se produjo aquel incendio, La Habana tenía poco más de 100.000 habitantes (la misma población que Barcelona), y se estima que la colonia catalana estaría formada por unas 5.000 personas.

La primera emigración catalana a Cuba, y más concretamente a La Habana, fechaba de 1763; al inicio de las medidas de liberalización del comercio entre la metrópolis española y las colonias americanas. Según las fuentes documentales, aquella primera ola migratoria catalana estaría formada por comerciantes originarios de Barcelona, del Maresme, del Empordà, del Penedès, y del Camp de Tarragona; que se dedicaban a la compra de materia prima (algodón y azúcar) y exportación en las fábricas catalanas; y a la importación y venta de manufacturas catalanas (textiles y alcoholes).

Aquel incendio no detuvo el crecimiento de la colonia catalana de Cuba. En 1861 (medio siglo después del gran incendio), la ciudad de La Habana había duplicado su población y censaba a 205.000 habitantes (casi la misma masa demográfica que Barcelona); pero el colectivo catalán había multiplicado por cinco su presencia y con 25.000 residentes era la principal comunidad no castellanoparlante de la ciudad. El plano comercial de La Habana, editado en 1882, revela que más de la mitad de las fábricas, de los hoteles, de la restauración, y del comercio de la ciudad estaba en manos de catalanes.

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