Tal día como hoy del año 1808, hace 218 años, y en el contexto de las llamadas Guerras Napoleónicas (1803-1814), las tropas del general francés Guillaume Duhesme —formadas por 9.000 soldados de infantería y 1.800 soldados a caballo— entraban pacíficamente en Barcelona. Las tropas de Duhesme habían cruzado la frontera hispanofrancesa por La Jonquera (Alt Empordà) los días 10 y 15 de febrero de 1808 y tenían como objetivo emplazarse, provisionalmente, en Barcelona. Acto seguido, preveían desplazarse hacia el centro de la Península y unirse con otros cuerpos del ejército francés —que habrían cruzado por los Pirineos occidentales— para lanzar una ofensiva terrestre contra Portugal.
Aquella operación no era una invasión, como ha explicado la historiografía nacionalista española, sino que estaba amparada por los acuerdos firmados entre el Imperio francés —gobernado por el régimen bonapartista— y el Reino español —gobernado por el régimen borbónico— y recogidos en el Tratado de Fontainebleau, firmado tres meses antes (27 de octubre de 1807). Una vez en Barcelona (13 de febrero de 1808) —y siempre en virtud de este tratado hispanofrancés de Fontainebleau—, el capitán general español José de Ezpeleta ordenó desocupar las fortalezas de la Ciudadella y de Montjuïc y el general francés Duhesme acuarteló allí a sus tropas.
Las noticias de la época revelan que los militares franceses pasaron a realizar ejercicios de artillería en el llano que separaba la Ciutadella y La Ribera. Pero no se produjo ningún tipo de fricción. Ni entre los militares españoles y franceses, ni entre el pueblo de Barcelona y los soldados del régimen bonapartista. Pero cuando corrió la noticia de que el régimen del rey español Carlos IV y de su ministro plenipotenciario Godoy —que se había comprometido a mantener a los militares franceses con cargo al erario público español— había cambiado de criterio y había impuesto esta carga al Ayuntamiento de Barcelona, se produjo una algarada popular.
