Tal día como hoy del año 1401, hace 625 años, en la Casa de la Llotja de Barcelona, iniciaba su singladura la Taula de Canvis i Dipòsits Comuns, el primer banco público de la historia. La Taula de Canvi había sido creada por iniciativa del Consell de Cent —el gobierno municipal de Barcelona— para realizar las funciones de organismo regulador de la actividad bancaria. Hay que recordar que, en aquella época, los bancos eran negocios de dimensión familiar y, por lo tanto, muy vulnerables a las tensiones de los mercados, y cuando quebraban arrastraban a sus clientes a la ruina.
La Taula de Canvis también fue creada para captar depósitos dinerarios. A diferencia de los banqueros privados, ofrecía una garantía a sus impositores, tanto si eran de la ciudad como si eran forasteros (mercaderes del Mediterráneo que operaban en la capital catalana). Pasadas tres décadas (1433), ya gestionaba 1.500 cuentas, que representaban el 25% de los depósitos dinerarios de la ciudad y que se destinaban a préstamo, pero únicamente al Consell de Cent para atenciones de la ciudad. De esta forma evitaba los flujos especulativos de los banqueros privados.
Poco antes de su creación, el Consell de Cent había obligado a todos los banqueros de la ciudad a instalarse en la Sala de Contractacions de la Casa de la Llotja. Por este motivo, el Consell de Cent situó allí la Taula de Canvi. Su mostrador se diferenciaba del resto porque estaba cubierto con damasco que lucía el escudo de la ciudad. Sus oficiales regulaban la correcta praxis bancaria y, cuando un banquero había cometido una irregularidad que amenazaba el patrimonio de sus clientes, detenían la actividad de la Sala y escenificaban su expulsión del sistema rompiéndole el mostrador a golpes de maza.
Esta escenificación impresionó a los mercaderes originarios de la península italiana que operaban en la Casa de la Llotja de Barcelona y originó el nacimiento de la expresión banca rota ('mostrador roto'), que —en un futuro y en todo el mundo— acabaría asociado con la consumación de la ruina de un negocio. En el sistema regulado por la Taula de Canvi —y, por tanto, por el Consell de Cent—, el banquero que con la mala praxis de su actividad había provocado la ruina de sus clientes, era confiscado para resarcirlos y, si no se cubría la deuda, era condenado a galeras.
