Después de dos semanas enviándose mensajes tras los resultados del 23 de julio y de exploración de la hoja de ruta diseñada por el president Carles Puigdemont, los dos grandes partidos españoles, PSOE y PP, tienen anotadas en sus respectivas agendas conversaciones esta semana para la confección de la Mesa del Congreso, que debe ser escogida en la sesión inaugural del próximo 17 de agosto, fecha trágica en el recuerdo ya que se cumplen años del atentado de las Ramblas de 2016.

En esto momentos, todas las posibilidades están abiertas, como ya conoce perfectamente el gobierno de coalición en funciones conformado por el PSOE y de Unidas Podemos. No habrá, por parte de Junts, un cheque en blanco ni al PSOE ni al PP y alguno de los dos deberá subir la oferta inicial de facilitarle el Grupo Parlamentario que de una lectura estricta del Reglamento no les tocaría -a ERC, también- ya que la disposición inicial a ello por parte del PSOE ha sido replicada en las mismas condiciones por el PP. No es una cuestión baladí ya que comporta voz propia en el Congreso, un grupo nada menor de asesors y otras prebendas y también una significativa dotación economicas que permite, entre otras cosas, sufragar el envio de las papeletas de la jornada de votación a los domicilios. Estamos hablando de una cantidad de más de 1,3 millones de euros.

El PSOE necesita que Junts vote a favor de su propuesta de presidente/a de la Cámara baja para que prospere. Al PP le basta la abstención de los siete diputados de la formación política de Puigdemont. Hay la opción de un candidato de algún otro partido, que sería un paso muy interesante y la primera vez que se produciría, pero está aún muy verde. Esta opción solo la podrían liderar los socialistas, cosa que solo harían si vieran que la presidencia del Congreso se ls escapa y viaja hacia el partido de Feijóo.

La presidencia del Congreso será una figura clave, si la legislatura llega a avanzar. Pero también es importante en el caso de que se vaya a nuevas elecciones ya que gestiona los tiempos de estos próximos meses y juega un papel relevante a la hora de, por ejemplo, facilitar que se presente a la investidura un candidato que no disponga de votos seguros para superarlas. Una situación que ya ha reclamado, por ejemplo, Alberto Núñez Feijóo.

Con las personas que ha conversado tras las elecciones, Puigdemont les ha trasladado que no tiene prisa alguna en negociar pero que él está preparado para cuando sus interlocutores quieran empezar. Por algún lado, tambien les ha llegado que las prisas del último momento no actuarán como en otras ocasiones. La vieja estrategia de "en el último minuto y como siempre", en esta ocasión no funcionará igual. En el último momento, puede ser. Como siempre, cediendo a las presiones -que a buen seguro que existirán y no serán ni mucho menos menores- y ya lo encontraremos más adelante, seguro que no.