A falta de tres semanas para las elecciones españolas, dos son las constantes de los diferentes sondeos conocidos, los publicados y los que manejan algunos partidos y varias empresas del Ibex: la suma de diputados del Partido Popular y de Vox tiene a su alcance la mayoría absoluta y el desplome de las fuerzas independentistas en Catalunya es importante donde podrían pasar de ocupar prácticamente la mitad de los escaños que se eligen en Catalunya para el Congreso de los Diputados —actualmente tienen 23 de los 48 posibles— a moverse alrededor de un tercio y oscilar entre 15 y 16.
Todo ello en un marco político en Catalunya en que el pastel de los 48 diputados se repartiría en tres tercios. El primero para el PSC que ganaría las elecciones; el segundo para la suma de PP y Vox; y el tercero para lo que obtendrían Esquerra Republicana y Junts per Catalunya, ya que tanto la CUP como el PDeCAT quedarían fuera. Sumar, la formación de Yolanda Díaz, quedaría por debajo de los cinco escaños. En estos sondeos, hay otro dato especialmente inquietante y es que el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo, además de ocupar la segunda posición en la circunscripción de Barcelona, podría lograrla también en Catalunya.
Todo ello unido supondría, de consolidarse, un auténtico mazazo para el independentismo que justo esta semana ha empezado a ser plenamente consciente de que la españolización de la campaña era realmente profunda y, por tanto, letal para sus intereses y de que la franja de votantes propios que se mueven alrededor de la abstención como voto de castigo no era ninguna broma. De ahí la llamada a la movilización de todo el espacio independentista, no solo de las formaciones políticas, sino de entidades como el Consell de la República u Òmnium Cutural.
Se da además la circunstancia de que tanto Esquerra como Junts actúan en estas elecciones españolas como donantes hacia formaciones colindantes con su espacio político. Los republicanos hacia PSC y comunes, sobre todo en la circunscripción de Barcelona, y el partido de Jordi Turull hacia PSC y PP, siendo ello muy evidente en las provincias de Barcelona, Lleida y Tarragona. Todo ello se ve muy afectado también en el Senado, donde podría darse el caso que no obtuvieran representación ni en Barcelona ni en Tarragona.
Es evidente que, con 20 días por delante, aún hay algo de partido. No todas las cartas están dadas, aunque sí las mejores. Es muy probable, por ejemplo, que la desmovilización del espacio independentista que reflejan las encuestas se reduzca debido a la lluvia fina que irán recibiendo los abstencionistas en las próximas tres semanas. Más difícil es la recuperación del voto que ya se ha ido a otras formaciones. Hará falta muchos más argumentos que hasta la fecha, ya que ni el voto contra la derecha, ni la crítica a Sánchez son buenas banderas para las formaciones independentistas.