El hecho de que no sea una sorpresa informativa no debería dar pie a que caiga en saco roto la actitud, cada vez más complaciente, del PSOE con la corrupción de la monarquía española. Este miércoles, los socialistas se han opuesto por sexta vez en el Congreso de los Diputados a la creación de una comisión de investigación parlamentaria sobre el rey fugado. A diferencia de las cinco anteriores, en esta ocasión los letrados del Congreso habían dado el visto bueno a su creación, ya que afectaba a una materia posterior a la abdicación, como es el caso de las tarjetas opacas con las que Juan Carlos I y otros miembros de la familia real pasaban gastos fuera de cualquier control. Los socialistas se habían refugiado hasta la fecha en la negativa de los letrados para esquivar una cuestión que la dirección tiene clara pero que siempre levanta ampollas entre su militancia ya que el histórico partido que fundara Pablo Iglesias —el otro—, de raíz republicana, se ha ido convirtiendo en la izquierda Real.

Es obvio que la cuestión no es baladí, ya que, con su defensa de la monarquía, lo que acaba quedando no es otra cosa que un manto de protección de la corrupción. Y eso debería preocupar al PSOE y también a Podemos, ya que sirve de bastante poco discrepar de las posiciones de tu socio de gobierno y seguir compartiendo poder como si tal cosa. En el tema de las eléctricas y la subida de la luz está pasando algo similar: el PSOE mira de justificar lo que tiene una justificación más que difícil mientras Unidas Podemos explica que son el socio minoritario y que, bueno, cambiar algunas cosas es muy difícil.

En este contexto, en el que los socialistas, por uno u otro motivo, siempre acaban de llevarse el gato al agua, se entiende que, al cumplirse el primer aniversario del flamante gobierno de izquierdas, la formación morada no deje de caer en expectativas de voto. Las posiciones políticas que esperaban sus votantes están lejos de ser las que mantienen y los socialistas amenazan con dejarles en los huesos tras su experiencia en el Consejo de Ministros.

Un ejemplo de todo ello es Catalunya, donde su formación hermana, En Comú Podem, padece una sangría de votos en las encuestas que se van publicando periódicamente de cara a las elecciones convocadas para el 14 de febrero. Su candidata, Jéssica Albiach —aquella diputada que en la declaración de independencia apareció exhibiendo la papeleta del no en la sesión parlamentaria— ha visto cómo el denominado efecto Illa —el ministro de Sanidad que pide elecciones, siendo una rara avis entre los ministros de ramo—  le provocaba un tránsito de voto de los comunes a los socialistas.

Pero volvamos al tema del rey emérito. Es obvio que el PSOE está dispuesto a mantener hasta el último suspiro el pacto de la transición y no poner en riesgo la institución monárquica, aunque afecte al ex jefe del Estado. Que para ello vaya de la mano del PP y de Vox parece no importarle en esta cuestión. Aunque no deja de ser curioso ver a Sánchez, Casado y Abascal votando una y otra vez conjuntamente para salvaguardar que el Congreso no pueda investigar un caso de corrupción. Pero, en fin, cosas más graves se han visto estos años. Lo que no vale es que, para distraernos, la vicepresidenta Carmen Calvo abra el melón del debate para levantar la inviolabilidad del Rey mediante una reforma de la Constitución. Si no es capaz el PSOE de dar su apoyo a una comisión de investigación del rey fugado, acotada a las tarjetas opacas ¿cómo va a propiciar una modificación de la inviolabilidad del Rey, un asunto de por sí mucho más complicado?

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