Más de cuarenta días después de las elecciones generales del pasado 23 de julio y 17 días después de que se haya constituido el Congreso de los Diputados, o sea el arranque oficial de la XV legislatura, la investidura de un presidente de gobierno sigue siendo una incógnita. A momentos parece que el PSOE hace amagos de intentarla, una vez haya fracasado Alberto Núñez Feijóo en su intento, tras el encargo de Felipe VI, a finales de este mes de septiembre, en cambio, en otros parece que Pedro Sánchez se encuentra cómodo con una repetición electoral el próximo 14 de enero y apareciendo ante la opinión pública española como el aspirante que se ha resistido a hacer cesiones de calado al independentismo.

Estamos, por tanto, ante una investidura a fuego lento de resultado incierto a las que ya se ha acostumbrado la política española, ya que situaciones similares se vivieron en diciembre de 2015 con repetición electoral el 26 de junio de 2016 y nuevamente en abril de 2019 con segunda vuelta en noviembre de ese mismo año. En el primer caso, Mariano Rajoy optó por la repetición electoral y en el segundo fue Pedro Sánchez quien no aceptaría el acuerdo con Podemos e hizo lo mismo. En este caso, la situación es políticamente hablando radicalmente diferente, ya que la investidura no depende de uno de los grandes partidos españoles sino de nacionalistas e independentistas y muy especialmente de Junts per Catalunya y sus siete diputados, dada su situación central en la política española y la dificultad que tiene para facilitar la investidura tanto de Sánchez como de Rajoy.

Por primera vez en una investidura se han puesto encima de la mesa temas de enorme calado político como son la amnistía y el derecho a la autodeterminación por parte del independentismo catalán y, en el caso del PNV, una reinterpretación de la Constitución que reconozca la nación vasca. Bildu, en una posición aparentemente más discreta, apoya al PSOE y prepara las elecciones en Euskadi, a lo más tardar en julio de 2024, y en las que confía situarse como primera fuerza política. El hecho de que aún falten muchas semanas, de hecho meses, para que la legislatura decaiga y se convoquen automáticamente las nuevas elecciones hace que los diferentes partidos mantengan sus posiciones de máximos y que el momento de las transacciones ni tan siquiera se pueda llegar a contemplar.

En cualquier caso, parece evidente que la cocción a baja temperatura de la investidura de Sánchez también viene motivada por el momento Feijóo, que es el que tendrá que presentar primero sus credenciales el próximo 26 de septiembre. Esa situación ha hecho que los contactos del PSOE con Junts no hayan pasado a mayores y que la negociación propiamente dicha no haya aún empezado. De hecho, el partido de Puigdemont no tiene oficialmente ni una comisión negociadora y oficialmente el curso político lo reanudan este lunes con una conferencia del president en el exilio el martes desde Bruselas en el inicio de las jornadas interparlamentarias de Junts y en la que expondrá el marco que propone Junts en el actual contexto político y las condiciones para una negociación que desemboque en un pacto para la investidura de un inquilino de la Moncloa. Esquerra, PSC y el resto de fuerzas políticas también dan por acabadas sus vacaciones este fin de semana