Cinco días han sido suficientes para que lo que empezó siendo un incómodo grano para el PSC se haya convertido en una bola de incómoda gestión y nada fácil en la agrupación socialista de Ripoll. El voto de los dos concejales del PSC a los presupuestos de la polémica alcaldesa Silvia Orriols, en el plenario municipal del pasado jueves, abrió la caja de Pandora. La estrategia de Salvador Illa de crear un cordón sanitario que dejara fuera a Aliança Catalana se le había hecho pedazos por una gestión, aparentemente incomprensible, de los socialistas de Ripoll y, por extensión, de la federación de las comarcas de Girona, el primer filtro del partido que tenía que haber estado al caso de lo que en la capital del Ripollès se estaba cocinando. Al final, no es creíble que nadie estuviera al caso de una decisión que ya se aventuraba polémica y que, en los años anteriores, no se había producido y, por eso, desde 2023, Orriols no había sido capaz de aprobar unos presupuestos en el plenario municipal y únicamente los había sacado adelante previa presentación de una moción de confianza. Una fórmula que tienen los ayuntamientos para que las cuentas públicas salgan adelante si en el plazo tasado por la ley de un mes no se presenta una moción de censura que tumbe al alcalde con una mayoría absoluta del consistorio.

El PSC empezó abriendo un expediente para conocer lo que había sucedido en Ripoll. Los dos concejales que habían protagonizado con su voto la aprobación del presupuesto alegaron que, en su decisión, había razones de índole local y una voluntad de que Ripoll dejara de estar en el foco informativo durante un mes, algo que solo beneficiaba, decían, a Orriols. Con el incendio ya quemando a su paso todo lo que encontraba, los dos ediles reconocieron su error, expresaron su voluntad de dar al partido las explicaciones oportunas y se plantearon su renuncia. Pero todo se empezó a complicar este mismo martes cuando un comunicado del PSC informaba que, después de mantener una reunión la tarde del lunes con la federación de las comarcas de Girona y el grupo municipal de Ripoll, los dos concejales cesaban en sus responsabilidades institucionales. Según esta versión, los concejales habían puesto a disposición del partido sus cargos y el PSC había aceptado su renuncia para que otros miembros de la lista electoral asuman sus responsabilidades en el Ayuntamiento.

El PSC ha visto las consecuencias de un discurso con líneas rojas de no pactar con la extrema derecha y la enorme complejidad de la realidad local

La crisis parecía cerrada, pero estaba lejos de ser así. La agrupación local de Ripoll se ha revuelto, ha asegurado que no comparte en ningún caso la decisión de la dirección nacional del partido de hacer dimitir a sus concejales por haber permitido, con su abstención, la aprobación de los presupuestos del consistorio de Sílvia Orriols. Los dos concejales socialistas, Enric Pérez y Anna-Belén Avilés, también avisan de que la agrupación está en absoluto desacuerdo con la decisión adoptada por la dirección nacional del partido y por la federación de las comarcas de Girona; que se ha tomado de forma unilateral y sin que se celebrara ninguna reunión; y, finalmente, advierten que no hay ningún miembro de la lista que se presentó en 2023 que haya mostrado predisposición a tomar el relevo de los concejales. Con un último gesto de autoridad, la federación del PSC de las comarcas de Girona ha acordado disolver la agrupación de Ripoll y crear una comisión gestora y mirar de reconducir la situación. Además, el concejal Enric Pérez, que compaginaba su responsabilidad en el consistorio de Ripoll con el trabajo de asesor de la consellera de Territori, Sílvia Paneque, también de Girona, ha tenido que renunciar. 

Es evidente que, con el planteamiento político actual en Catalunya, la toxicidad que emana de Aliança Catalana acaba convirtiendo el aire en peligroso. El PSC ha visto las consecuencias de un discurso con líneas rojas de no pactar con la extrema derecha y la enorme complejidad de la realidad local. Después de las próximas municipales, exponencialmente esta situación crecerá y veremos cómo lo gestionan partidos como Junts per Catalunya o incluso Esquerra Republicana. ¿Van a renunciar a alcaldías si pueden cerrar acuerdos para gobernar? El Partido Popular, en los inicios de Vox, intentó marcar perfil propio e incluso algunas voces plantearon retener poder municipal o autonómico con el PSOE. Pero, al final, entre conservarlo o perderlo, la elección fue pactar con los de Santiago Abascal. Junts no es el Partido Popular, aunque Aliança Catalana tampoco es Vox, y veremos, tras el próximo ciclo electoral, dónde se sitúan las líneas rojas. ¿O fue normal que Ada Colau consiguiera arrebatar la alcaldía de Barcelona, en 2019, al ganador de los comicios, el republicano Ernest Maragall, con los votos de Manuel Valls?