Con una prisa enorme y sin sonrojarse lo más mínimo, los grandes detractores del independentismo y todos aquellos que han vaciado el estómago durante todos estos años contra el president Carles Puigdemont se aferran estas horas a una idea equivocada: después de la aprobación de la Mesa del Congreso de los Diputados, todo lo que le queda a Pedro Sánchez es pan comido. Nunca la aciertan, y el periodismo se ha convertido para muchos de ellos en una especie de negociaciones inventadas, bulos elevados a la categoría de noticias o, simplemente, una ristra de mentiras que, aunque sean en papel couché, siguen siendo mentiras.

Se ha cerrado una etapa con la constitución de la Mesa y ahora se abre la segunda fase de negociación, que durará hasta que haya —si la hay— la sesión de investidura de Pedro Sánchez. El primer interrogante a desvelar es cuál va a ser el comportamiento del presidente en funciones: el ninguneo que mantuvo desde el 23-J hasta el miércoles al mediodía, o la premura y la fluidez para cerrar acuerdos empleada en las horas siguientes. Esquerra ya ha declarado solemnemente que no investirán a Sánchez sin una ley de amnistía y quiere jugar a fondo sus siete diputados. Disputará el protagonismo a Puigdemont, sobre eso no hay ninguna duda, ya que le va en juego la hegemonía en el mundo independentista. Hay un precedente parlamentario de la amnistía, la proposición de ley que presentaron en el Congreso en marzo de 2021 todos los partidos independentistas y que la Mesa ni admitió a trámite por considerarla inconstitucional.

Junts no ha enseñado sus cartas y se encuentra cómodo esperando al PSOE. Parece que no tiene prisa, después de que esta estrategia le haya funcionado en los acuerdos para la Mesa del Congreso. Sentarse y esperar. O, como decía un ministro en funciones al acabar la sesión parlamentaria del jueves, asistir resignado a un pacto difícil: "Estos nos van a sacar los higadillos". A estas alturas, nadie duda que la amnistía estará en la negociación y que acabará en el Congreso más pronto que tarde. ¿En los próximos meses? Sí. Y en una tramitación que se da por descontado que será a cara de perro con el PP y con Vox.

Los socialistas, que ya están trabajando, van a pagar este precio para tener gobierno y lo tienen asumido. Bien se hizo la amnistía fiscal, a la que, por cierto, se acogió el rey emérito, y que también fue una especie de borrón y cuenta nueva. Millones defraudados y la amnistía del PP de Mariano Rajoy tiró adelante. El tema de discusión no acabará siendo este, aunque es el que se llevará más portadas, sino otros que también estarán en la lista y que, quizás, no serán de cumplimiento tan inmediato, pero se tendrán que ir implementando en la legislatura. Vamos, cuatro años con la espada de Damocles en la cabeza.

Mientras esto se cocina fuera de los focos, el rey recibirá a partir del lunes a los presidentes de los diferentes grupos parlamentarios, con ausencia de ERC y Junts, cuyos máximos responsables en Madrid, Gabriel Rufián y Míriam Nogueras, no acudirán a la Zarzuela, rebajando así el nivel de las audiencias del jefe del Estado. Si los que deciden las mayorías no acuden, ¿qué sentido tienen las audiencias más allá de las fotos? El discurso beligerante y equivocado del 3 de octubre de 2017 aún le pasa factura a Felipe VI.