La campaña tranquila y sin sobresaltos planificada por los estrategas del PSC para conducir el próximo 12 de mayo a Salvador Illa a la victoria, algo normal en los spin doctors de cualquier candidato que va en cabeza, lleva ya dos temblores de diferente intensidad y también, seguramente, desigual impacto. El primero cogió de lleno al candidato, con la dimisión fake de Pedro Sánchez la tarde de la tradicional enganchada de carteles. Durante cinco días, a más de un socialista catalán le entró un temblor de piernas mientras el líder deshojaba la margarita. Cuando el lunes afirmó categóricamente "me quedo" e inmediatamente dio por abierta su campaña personal para reflotar su imagen política, la estrategia del PSC se vio alterada, ya que el presidenciable quedaba en manos de Sánchez y del rédito que pudiera obtener con su amago de marcha.

Las encuestas de los primeros días le han dado un impulso a sus opciones de ganar el 12-M y la ocupación del centro del debate por parte de Sánchez ha congelado el impulso con el que arrancó Carles Puigdemont. Pero faltan nueve días para los comicios y el importante número de indecisos —los sondeos hablan de hasta un 30%— no han cerrado definitivamente el resultado final. Sobre todo, para Junts y Esquerra, que tienen aún bolsas de antiguos votantes en la abstención con una desmovilización activa, que tampoco capta —por ahora, de manera significativa— ninguna otra opción política.

El PSC se ha vuelto a encontrar este viernes con un gol en propia puerta

Pero una campaña siempre tiene fugas y el PSC se ha vuelto a encontrar este viernes con un gol en propia puerta. El presidente de UGT de Catalunya, Matías Carnero, que cierra la lista de los socialistas por Barcelona, un lugar reservado siempre por los partidos a personalidades de relieve, se debía pensar que estaba en una barra de bar y que podía dar rienda suelta a una vergonzosa acción que supura los bulos que Sánchez dice querer exterminar, catalanofobia y deshumanización del exilio. En referencia a Puigdemont y con la cúpula del PSC en la primera fila manifestó: "Ahora van de defensores de la clase trabajadora cuando son la derecha catalana. El otro día le escuchaba decir que el presidente Pedro Sánchez tiene que venir llorado de casa y que eso es una indecencia. Llorado se fue él al maletero, y no sé si cagado o meado, pero se fue hasta Bruselas". Palabras que fueron acogidas con irresponsables aplausos de la sala. 

La bola Carnero se fue haciendo grande con las horas ante el silencio de la UGT, el del mismo candidato —que además es presidente del comité de empresa de SEAT y miembro del consejo mundial de supervisión del Grupo Volkswagen— y el del PSC, que antes del inicio de su acto de la noche pidió disculpas "a quien se haya podido sentir ofendido". En el mundo de la política, existe lo que se da en llamar diputados jabalíes, como se conocía a un grupo de diputados de extrema izquierda por su política antigubernamental durante las Cortes constituyentes de la Segunda República. Su discurso se caracterizaba por la demagogia y el anticlericalismo, y se consideraban federalistas. Carnero ha sido el inesperado candidato jabalí que ya va tarde para pedir unas disculpas que manchan al sindicato por lo que ha dicho y agrandan el error con un silencio irresponsable.