De poco vale llorar por las más de 2.200 hectáreas que ya han quemado en el macizo de Les Gavarres y que, si vamos a las estadísticas, supone aproximadamente una cuarta parte de todo lo que se quemó en 2025 y muy lejos de las 518 en 2024, un año con un verano excepcionalmente tranquilo. Llegará el momento de evaluar la labor de prevención de los bosques catalanes y si se actuó a tiempo con el fuego, sobre todo a la hora de pedir toda la ayuda necesaria cuando se vio que no se podía atajar exclusivamente con los medios propios, pero ese tiempo no es ahora. Lo primero, apagar el fuego y dar tranquilidad y apoyo a las miles de personas que aún siguen confinadas o que han abandonado su vivienda por precaución.
Sabemos que este incendio se inició por el uso de una radial en un día de riesgo extremo. La justicia hará su camino, ya que el trabajador está detenido y veremos también si se le había facilitado la información suficiente de la empresa que lo había contratado. Repito, ahora, apaguemos el fuego. Y tengamos, en todo caso, una mirada más larga: en este caso el detonante ha sido una chispa, según las autoridades, pero la realidad y lo que nos debe preocupar es que en las últimas décadas los bosques han hecho tal acumulación de combustible que están a punto para que el fuego prenda de manera descontrolada y apagarlo no sea nada fácil.
Esto, que lo saben todos los payeses, se olvida desde la capital. El poder político ha renunciado expresamente a fomentar condiciones óptimas para que los jóvenes quisieran seguir en la propiedad de la familia y se ha pasado por alto la desertización que ello supondría. Conozco decenas de casos de gente que no ha podido quedarse en el Alt Urgell por causas diversas, siendo la menos importante la falta de ganas. ¿Pero quién va a coger un trabajo esclavo como pocos, con enormes dificultades para sacarse un sueldo digno, en el que no hay vacaciones, si cada vez que llama a una puerta esta se le cierra? ¿Y la burocracia? ¿Tan difícil de entender es que un payés no puede estar todo el día rellenando papeles o pagando una gestoría para que se lo haga? La Generalitat ha implementado con buena voluntad medidas para ello, pero no al ritmo que los payeses esperan.
Ese abandono del campo es, en definitiva, el que ahonda el problema en los bosques catalanes
Ese abandono del campo es, en definitiva, el que ahonda el problema en los bosques catalanes. Catalunya ha ganado cerca de 200.000 hectáreas de masa forestal en las últimas dos décadas con el abandono progresivo de la actividad agrícola y ganadera. Actualmente, el 64 % del territorio catalán es superficie forestal, llegando al 75 % si se incluyen los matorrales. Estamos hablando de más de dos millones de hectáreas cubiertas de árboles. Pero si ello no fuera suficiente, hay otro factor aún más determinante: antiguamente, cuando se cortaban pinos, había cortafuegos, que eran franjas de protección, y se desbrozaban caminos. Propietarios, payeses y ayuntamientos se encargaban de ello, pero ahora los primeros no pueden, los segundos no están y los terceros, en muchos casos municipios pequeños, están sobrepasados. A los alcaldes o, en este caso, al presidente del Consorci de Les Gavarres, esta vez el afectado, solo le queda el derecho al pataleo. Porque hoy ha sido Daniel Encinas; otro día será otro.
Me duele repetirlo una y otra vez: Catalunya no dispone de suficientes recursos económicos para hacer frente a la avalancha de problemas que tiene que solucionar. Por eso, reclamar un sistema de financiación similar al concierto económico no es un capricho, es una obligación. Porque sin revertir el déficit fiscal existente, únicamente podemos ir poniendo parches. De eso se darán cuenta muy pronto los partidos que han aprobado el presupuesto de la Generalitat esta misma semana —siempre soy partidario de que un Govern tenga presupuestos— y que ha crecido un 22,8 % respecto al último aprobado, en 2023. Una cifra que se eleva a los 49.162 millones de euros, y si lo comparamos con las cuentas prorrogadas del año pasado, supone un incremento del 10,3 %. Pues bien, quedan muy lejos de poder atender las necesidades urgentes que tiene el país.
