Como cada vez que le han salido mal las cosas, el Partido Popular ha intentado disfrazar el castigo de los electores con una toma de la calle que colocara una cortina de humo a la realidad. Lo hizo cuando la aprobación del Estatut d'Autonomia, lo hizo en muchos de los avances sociales que se han producido en España y lo vuelve a hacer este domingo convocando una manifestación contra la amnistía en Madrid. Debe ser la primera vez que un candidato a presidente del gobierno moviliza a su parroquia 48 horas antes de su sesión de investidura en las Cortes y lo hace contra un gobierno en funciones que tampoco tiene garantizada su continuidad.
Lo normal sería que el candidato, Alberto Núñez Feijóo, estuviera preparando su discurso y tratando de conseguir votos para su investidura. Este debería ser el plano político en el que estuviera el candidato y no movilizando todos los fantasmas y los miedos de una hipotética amnistía, la condición del president en el exilio, Carles Puigdemont, para iniciar las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez. Feijóo demuestra así tres cosas: su investidura no se la cree ni él, su única apuesta es la repetición electoral y la derecha española no sabe moverse en otro frame que no sea ir con todo contra Catalunya. Pasan los años y esa sigue siendo su única bandera política cuando los números no le dan para gobernar.
El PP, que ha movilizado autocares de toda España, conseguirá reunir una concentración importante en Madrid contra la amnistía. Por algún lado estarán incluso socialistas ilustres de antaño o, al menos, eso sería lo normal después del trabajo sucio que han hecho esta semana Felipe González y Alfonso Guerra. Será como el canto del cisne de quien no alcanza la Moncloa y trata de levantar a su alrededor una gran polvareda para que se hable de todo menos de eso. Porque la cruda realidad es que pese a que Feijóo ganara las elecciones el pasado 23 de julio, solo tiene a Vox dispuesto a darle los votos en la sesión de investidura.
Mientras el PP continúe haciendo política con el estómago y no con la cabeza, continuará estrellándose y le será imposible revertir su soledad actual. Pero eso, Feijóo, a lo mejor incluso ya lo sabe. Porque aunque él es el presidente del PP y el aspirante —fallido— a presidente del gobierno, la manifestación se la han convocado José María Aznar e Isabel Díaz Ayuso. Y lo han hecho a mayor gloria suya, no para darle un espaldarazo a Feijóo. El Madrid del poder perdió su confianza en el gallego después de su resultado electoral del 23 de julio.
Ahora solo esperan un milagro, un "tamayazo" o que Sánchez les dé una segunda oportunidad con la repetición de elecciones. Y a eso juegan desesperadamente. Como aquel jugador de póquer que va doblando su apuesta para revertir la situación y lo único que consigue es perderlo todo. Arruinarse.