El Barça de Hansi Flick continúa haciendo camino a base de victorias y ya ha convertido los partidos de Liga en casa en una rutina de eficacia absoluta. El triunfo contra el Rayo Vallecano no solo ha servido para sumar tres puntos más, sino también para elevar hasta quince la serie de victorias consecutivas como local en el campeonato. Es una cifra de gran peso, porque el club no encadenaba una racha así desde la etapa de Pep Guardiola en el banquillo. El equipo blaugrana, además, lo ha hecho en una temporada poco convencional, marcada por los cambios de escenario y por la obligación de adaptarse a tres estadios diferentes. Lejos de debilitarse, el Barça ha respondido convirtiendo cada casa provisional en un fortín y manteniendo un pleno impecable que refuerza la dimensión del curso que está firmando.

Un fortín en tres escenarios diferentes

La trayectoria comenzó con retraso, condicionada por las obras del Spotify Camp Nou. Los tres primeros partidos de Liga fueron lejos de Barcelona y no fue hasta la cuarta jornada que los de Flick pudieron ejercer de locales. El primer refugio fue el Estadi Johan Cruyff, donde el equipo arrancó su racha con dos victorias contundentes, demostrando desde el primer momento que no estaba dispuesto a ceder terreno. Después llegó el traslado al Olímpic Lluís Companys, donde el Barça mantuvo la misma línea de firmeza. Tanto en partidos resueltos con autoridad como en duelos más ajustados, los blaugrana supieron conservar el oficio y el resultado. La sensación, jornada tras jornada, es que el factor campo se ha ido imponiendo hasta convertirse en uno de los grandes pilares competitivos del equipo.

Araujo celebra un gol con el Barça contra el Rayo / Foto: EFE

El salto definitivo, sin embargo, ha llegado con el estreno en el Spotify Camp Nou. El regreso al escenario principal no ha podido ser más convincente y ha servido para dar aún más vuelo a una secuencia casi perfecta. El balance goleador explica muy bien la superioridad del Barça en casa: quince victorias en quince partidos, 47 goles a favor y solo 8 en contra. Las cifras hablan de un equipo con una producción ofensiva altísima, por encima de los tres goles de media por partido, y a la vez con una solidez defensiva que deja a los rivales casi sin margen. No se trata solo de ganar, sino de hacerlo con una regularidad abrumadora, alternando goleadas con triunfos de control y confirmando una capacidad de adaptación poco habitual en un curso tan singular en cuanto a los escenarios.

Unos números que ya desafían los precedentes

Este registro ya sitúa al Barça de Flick junto a precedentes históricos del club y le abre la puerta a continuar escalando. En una sola temporada, el próximo reto es superar la serie que consiguió el Barça de Guardiola, un hito que podría caer en la siguiente cita como local, contra el Espanyol. Más lejos queda aún el récord absoluto de victorias consecutivas en casa en Liga, establecido entre finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta. Este fue de 39 partidos ganados, pero en más de una temporada. Eso sí, el simple hecho de que este equipo pueda mirar de cara estas cifras ya retrata la magnitud de su recorrido.