Ni la asfixiante ola de calor que ha bañado Vilanova i la Geltrú desde el jueves hasta el domingo, ni las intensas trombas de agua que cayeron el sábado pudieron aguar la fiesta de los 32.500 asistentes que han desfilado por la sexta edición del Vida Festival. Son, eso sí, cerca de mil menos que el año pasado.

Más allá del calor, el primer día empezó ya con malas noticias. Con el festival ya en marcha, la organización anunció que se cancelaba la actuación de uno de los platos fuertes de cartel de este año y el reclamo indiscutible de la noche del viernes, Beirut, por culpa de una laringitis de su cantante. La calidez de José González, que ocupaba en aquel momento uno de los escenarios principales, suavizó los ánimos y ayudó a digerir la noticia. Era la hora mágica, al anochecer, con la luz anaranjada que se iba apagando al ritmo de su guitarra. Un acústico para enmarcar. El contraste llegaría unas horas después, con el show de Hot Chip, gatos viejos de los festivales de verano. Una inyección para el público que se entregó con devoción al espectáculo.

Al día siguiente arrancaba con buena parte del público medio perdido por los cambios de horarios de la organización para llenar el hueco de Beirut. Los que tenían la entrada sólo para aquel día pudieron anularla si querían y se les devolvió el dinero. Los que prefirieron resistir, se encontraron con la grata sorpresa de Sharon Van Etten, que con el nuevo cronograma saltó al escenario grande combinando acústica, piano y guitarra eléctrica.

Superado con nota el tropiezo de última hora del viernes, la tarde del sábado empezaba pasada por agua, cosa que obligó a reajustar algunos horarios. A medio concierto de Stella Donelly, una de las primeras actuaciones del sábado, se abrió el grifo y la tormenta llevó a buena parte del público a buscar cobijo donde protegerse, mientras los incondicionales siguieron coreando. Y todavía arrancaron un bis.

Nacho Vegas consiguió salvarse del aguacero. Reivindicativo como siempre aprovechó para hacer subir al escenario a los representantes de Cerremos los CIE, que leyeron un manifiesto contra los centros de internamiento de inmigrantes. Ya de madrugada, Madness puso la guinda del festival. Como es tradición, los británicos abrieron con el One Step Beyond y el auditorio enloqueció desde el minuto 1. Avalados por los 40 años que llevan encima de los escenarios, supieron llevar el tempo a la perfección y acabaron el concierto volviendo a un punto álgido, con It Must Be Love que acabó de enamorar a los nostálgicos. Memorable.

El próximo año, más, y ya hay fecha, del 2 al 4 de julio. Para los más previsores, las entradas ya a la venta este mismo julio.

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