La colaboración entre historiadores, matemáticos, informáticos y físicos ha permitido una revisión en profundidad de todo lo que sabíamos sobre las redes comerciales de alimentos en el imperio romano. Eso ha sido posible gracias al proyecto europeo "Production and distribution of food during the Roman Empire: economic and political dynamic", en el que participa el Centro para el Estudio de la Interdependencia Provincial en la Antigüedad Clásica (CEIPAC) de la Universitat de Barcelona. La clave de todo el estudio se encuentra en las ánforas: los alimentos que contenían ya han desaparecido, pero las ánforas se tiraban, y estas tenían sellos e inscripciones: sellos del fabricante (o del propietario de la carga, hay discrepancias entre los estudiosos), pero también inscripciones en que se indica el peso del vaso, el peso del contenido, el nombre del comerciante y el producto que incluye. Las ánforas de aceite incluso llevaban inscripciones hechas por las autoridades fiscales... Así pues, se pueden obtener muchísimos datos de los depósitos de ánforas tiradas.

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Inscripción en una ánfora.

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Sello en una ánfora.

Roman Open Data

El resultado de este proyecto ha sido la creación de la Roman Open Data, un sistema integrado de información sobre los sellos e inscripciones de ánforas de diferentes procedencias, encuentradas en diferentes partes. La base de datos del proyecto incluye más de 43.000 sellos, en su mayoría relacionados con el aceite; pero en total se ha acumulado en torno a un millón de datos relacionados con las ánforas. Ahora, se están integrando a la base de datos informaciones procedentes de otras universidades (Southampon, Nueva York, Heidelberg, Roma...). Eso podría ampliar mucho la base de datos y provocar ciertos cambios en las interpretaciones sobre la historia de Roma. Los datos sobre el aceite son especialmente importantes gracias al monte Testaccio, el gran vertedero de ánforas de aceite que hay en Roma. También se ha hecho un seguimiento de la comercialización de vino catalán. Y se ha podido comprobar que se había consumido en Alemania, en Francia e incluso en Italia, en la capital del imperio. Ahora, gracias al análisis de sedimentos, incluso se pueden identificar los tipos de uva utilizados, que en algunos casos sólo se conocían por la documentación. Se han encontrado numerosos restos de producción de vino en los alrededores de Barcelona, pero se sospecha que eso está porque hay más excavaciones en el área de Barcelona que en otros sitios.

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Monte Testaccio.

La dimensión del problema

El profesor José Remesal de la Universitat de Barcelona, responsable del proyecto, ha explicado que estas investigaciones no sólo explican cosas sobre el comercio romano, sino que pueden dar claves para muchos aspectos de la política romana, porque, según él, en Roma la política dependía por completo de la economía: hacían falta suministros alimenticios continuos para evitar sublevaciones de la población. Iza Romanowska, de la Barcelona Supercomputing Centre, ha explicado que tal como se simulan procesos moleculares, se simulan los procesos sociales, y que hay que maximizar el uso de los datos disponibles en ciencias sociales mediante las nuevas tecnologías. Bernardo Rondelli, de la consultora SIRIOS Academic, ha afirmado que la gran novedad de este proyecto es que se han combinado bases de datos de magnífica calidad, empezando por la Universidad de Barcelona, que ha ofrecido sus datos con un proyecto de tipo Open Science. Y este cruce de bases de datos ha ofrecido la posibilidad de abrir nuevos modelos y ha demostrado la necesidad de compartir informaciones para hacer posible el conocimiento científico.

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Nuevas rutas

Este estudio ha permitido desmentir algunas teorías clásicas de la hsitoria de Roma. Se pensaba, por ejemplo, que el aceite de la Bética se llevaba a la zona de Alemania a través del Ródano y el Rin, en un viaje que duraba 200 días, pero ahora se ha podido comprobar que principalmente viajaba por vía marítima, a través del Atlántico. Serían desembarcados en un gran puerto situado en la desembocadura del Rhon, durante el periodo comprendido entre abril y noviembre (cuándo los romanos viajaban más), y allí trasvasavan la mercancía a barcos más pequeños  para enviarla hacia Mogontiacum (Maguncia). Ahora bien, piensan que el puerto, situado en una isla, podría encontrarse hoy en día bajo el mar.

 

Foto de portada: El Monte Testaccio de Roma.

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