La Habana (capital de la colonia española de Cuba), 27 de noviembre de 1871, un pelotón del ejército colonial fusilaba a ocho chicos —de entre 16 y 21 años—, estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Tres días antes (24 de noviembre de 1871), habían sido detenidos por la Guardia Civil española y acusados de la profanación de la tumba de Gonzalo Castañón, un periodista que había formado parte del grupo paramilitar procolonial Cuerpo de Voluntarios Españoles, asesinado un año y pico antes (1 de febrero de 1870) tras un polémico episodio. Las pruebas acusatorias contra los estudiantes de medicina cubanos no tenían ningún fundamento, pero no era necesario, porque aquel caso se había fabricado a propósito con un objetivo. ¿Por qué la España colonial asesinó a ocho estudiantes de medicina cubanos?
Quién es quién. ¿Quién era Gonzalo Castañón?
Gonzalo Castañon (Mieres, Asturias, 1835) era un periodista y político español de ideología conservadora y de escasa proyección profesional que se había establecido en la colonia española de Cuba en busca de una oportunidad. La investigación historiográfica revela que entre 1865 (año de su llegada) y 1870 (año de su muerte) fundó un diario y una revista y trabajó como directivo de la empresa privada Banco Español de La Habana, creado por las clases coloniales, a instancias del presidente del Gobierno español Gutiérrez de la Concha. Pero también fue un elemento muy activo del grupúsculo paramilitar Cuerpo de Voluntarios Españoles, que, protegido por las autoridades españolas, había colaborado con las fuerzas coloniales en la fabricación de un escenario de persecución y terror contra los independentistas cubanos
¿Cuál era el paisaje social en la Cuba de la época?
La Cuba de 1870-1871 era un escenario de tensiones. Hacía tres años que, aprovechando el estallido de la Revolución Gloriosa española (1868) y el destronamiento y la expatriación de la reina Isabel II y de la “camarilla del bolsillo secreto”, el independentismo cubano había saltado de las calles a los campos de batalla. Sería la época de los prohombres cubanos Céspedes o Maceo y de la llamada Guerra de los Diez Años o Primera Guerra de la Independencia de Cuba (1868-1878). Y sería la época, también, en que Cuba permanecería como uno de los últimos reductos de la lacra de la esclavitud. La Cuba del procolonial Castañón era una “provincia” española —se le había dado esta pintoresca condición cuando los liberales españoles habían alcanzado el poder (1837)— con 400.000 esclavos (el 30% del total de la población de la isla).
¿Qué hizo Castañón?
El 12 de enero de 1870, el diario La Voz de Cuba —que dirigía Castañon— publicó el artículo “Reconstrucción, repoblación”, que proponía el exterminio de la población independentista cubana y su sustitución por españoles de probada fidelidad a la metrópoli. Castañon decía: “que su número sea mayor o menor, que su calidad sea mejor o peor; importa poco. Lo que interesa es anularlo, es destruirlo por completo, porque mientras uno de ellos exista y tenga algún modo de herirnos no podemos estar tranquilos (...) Hace falta repoblar la isla con elementos exclusivamente españoles”. Una declaración que era prácticamente idéntica a la cita que, dos siglos antes y en relación con los catalanes, había proclamado el escritor castellano Quevedo: “En tanto quedase un solo catalán y piedras en el campo, hemos de tener enemigo y guerra”.
¿Por qué asesinaron a Castañon?
La provocación de Castañon no terminó ahí. Tres días después (15 de enero de 1870), publicó una nueva pieza donde se decía que las mujeres independentistas —especialmente las de Cayo Hueso, una de las principales plazas soberanistas de la isla— no eran más que unas “putas”. La réplica no se hizo esperar, y poco después el diario La República —de Cayo Hueso— respondía. Y Castañon, animado por los suyos, viajaba hasta aquella plaza, se encaraba con Nito Reyes —el anciano director del rotativo cubanista— y lo agredía públicamente. Aquella sucesión de hechos marcaría el principio del fin de Castañon. Reyes, por su avanzada edad, se limitó a denunciarlo. La justicia colonial detuvo a Castañon, le tomó declaración, le impuso una pequeña fianza y lo dejó libre hasta la celebración del juicio, previsto para dentro de tres meses.
¿Quién asesinó a Castañon?
Pero, en cambio, José Botello y Mateo Orozco, amigos personales de Nito Reyes y de edades similares a la de Castañon, lo desafiaron a un duelo. Castañon, temeroso de las consecuencias de su acción, se refugió en el Hotel Russell —de Cayo Hueso— y se justificó proclamando que no se batiría en duelo con “personas de baja condición”. Castañon esperaría unos días, alojado en aquel hotel, confiando en que aquel escenario de tensión, que él mismo había creado, se calmara y pudiera salir, sin peligro, en dirección a La Habana. Pero sus cálculos se demostrarían erróneos, porque el 1 de febrero de 1870, dos semanas después de la agresión al anciano Nito Reyes, Mateo Orozco entraba armado en el hotel y le disparaba un tiro en los testículos que le provocaría la muerte. Acto seguido, Orozco escapó a las Bahamas y nunca sería detenido por la justicia colonial
¿Qué pasó con los estudiantes de medicina?
Pasado un año y pico, las clases coloniales españolas habían convertido la patética figura de Castañon en un mito. Su cadáver estaba enterrado en el cementerio de la Espada, pero, según los historiadores cubanos, estas clases coloniales y el aparato de dominación español esperaban la ocasión propicia para “dar un escarmiento ejemplar al movimiento insurreccional, creando un estado de terror y de desafección de las clases urbanas criollas hacia el movimiento independentista”. El aparato colonial, desde el gobernador civil Dionisio López Roberts (Cádiz, 1828) hasta el celador del cementerio de la Espada Vicente Coba Quiza (Granada, circa 1830), fabricó el caso de la profanación de la tumba de Castañon, el robo de sus despojos y su exhibición en el Anfiteatro Anatómico de la Facultad de Medicina.
¿Quiénes eran los estudiantes asesinados?
En un consejo de guerra sin garantías procesales —celebrado a toda prisa el día siguiente de la detención—, el tribunal militar colonial español condenó a muerte a los estudiantes Alonso Àlvarez de la Campa y Gamba; Anacleto Bermúdez y González de Piñera; Eladio González y Toledo; Ángel Laborde y Perera; José de Marcos y Medina; Juan Pascual Rodríguez y Pérez; Carlos Verdugo y Martínez, y Carlos de la Torre y Madrigal. De nada sirvió la defensa jurídica que intentó desplegar el capitán Frederic Capdevila i Miñano (València, 1845). Pasados dieciséis años de aquella masacre (1887), el hijo de Gonzalo Castañón —que gestionó el traslado de los restos del periodista a Asturias— declararía que la tumba de su padre nunca había sido profanada.
