El poeta, escritor y crítico de arte Antoni Marí ha muerto en Barcelona a 81 años. Nacido en Ibiza en 1944, fue una de las figuras más relevantes y rigurosas de la literatura catalana contemporánea, tanto en poesía como en narrativa y ensayo. “Poeta, pensador y profesor, su obra se caracteriza por una reflexión constante sobre la creación artística, la subjetividad y el lugar del individuo en la modernidad”, ha destacado la editorial LaBreu en un comunicado, en el que también lo define como una de las voces “más lúcidas y rigurosas” del panorama literario catalán. Catedrático de teoría del arte en la Universitat Pompeu Fabra, Marí desarrolló una trayectoria intelectual marcada por el estudio de las ideas estéticas, la crítica de arte y la reflexión filosófica. Ejerció también como crítico en Cultura/s de La Vanguardia y combinó la actividad académica con una obra literaria extensa y diversa.

Desde el debut con El preludi (1979), cultivó tanto la poesía —con títulos como Han venido unos amigos— como la narrativa y el ensayo. Entre sus obras más reconocidas se encuentran El vas de plata y El camí de Vincennes así como ensayos como La voluntad expresiva, galardonado con el Premio Nacional en 2002. En 2012, con motivo de la publicación de Llibre d’absències, definía así su concepción literaria: “Los géneros literarios no existen. Para mí, o hay literatura o no la hay. Sé dónde hay literatura porque el pulso se me acelera”. Y añadía: “La literatura es fijar y aclarar la tiniebla”.

Su obra se caracteriza por una combinación de exigencia intelectual y profundidad reflexiva, a menudo a caballo entre la memoria, el pensamiento y la experiencia estética. En el ámbito ensayístico, también destacan títulos como L’home de geni, Formes de l’individualisme —premio Crítica Serra d’Or— y El conflicte de les aparences..

Su último libro, Quatre costats, escrito después de una estancia en el hospital, es un poema narrativo que revisita momentos clave de su vida y dialoga con figuras como Herman Melville, Josep Pla o Hannah Arendt. Allí escribía: “El pensamiento, en un instante, puede transportarnos a las regiones más distantes del universo. No hay nada más allá del poder del pensamiento”.

Según LaBreu, “con su muerte, desaparece una figura central del pensamiento literario catalán de las últimas décadas y de la edición en catalán, pero su obra, exigente, profunda y radicalmente honesta, continuará presente”.