Ar Baol (Bretaña-Francia ocupada por los alemanes), 13 de agosto de 1940. Un pelotón formado por efectivos de la Wehrmacht, de la Gestapo, de la Gendarmería colaboracionista y del SIMP (la policía política del régimen franquista) detenía al president Companys. En aquel operativo tuvo una participación destacada el policía español Pedro Urraca Rendueles, adscrito al servicio de seguridad de la ―en aquel momento― testimonial embajada española en París. Sus biógrafos afirman que en aquella época no era más que un policía de segunda categoría. Sin embargo, en cambio, los hechos revelan que fue quien condujo a los alemanes hasta el refugio de Companys, que fue el primero que interrogó a Companys en la prisión parisina de La Santé y que fue el encargado, en solitario, de deportar a Companys a Madrid. ¿Quién era, de verdad, Pedro Urraca Rendueles?

Ficha policial franquista del presidente Companys

Un producto de su tiempo y de sus circunstancias

Según las fuentes oficiales, Urraca había nacido en Valladolid el año 1904 (en plena depresión política e intelectual española por la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas) en una familia de ideología conservadora formada por un guardia civil y una ama de casa. Estos datos apuntan, claramente, que Urraca sería un producto de su tiempo y de sus circunstancias. Pero, en cambio, eso sólo explica su primera trayectoria vital y profesional. Las mismas fuentes revelan que vivió su adolescencia y la primera juventud en el País Vasco. No arraigó, pero sí que hizo provechosas amistades. El año 1929 ingresó en el cuerpo de policía. Y entre 1929 y 1936 estuvo destinado al servicio de investigación y vigilancia del Servicio de Moneda Extranjera, una tediosa ocupación funcionarial que no satisfacía sus sórdidas ambiciones.

Un policía de segunda con una estética de gángster italiano

Con el estallido de la Guerra Civil española (1936), se empieza a ver su verdadero perfil y su auténtica vocación: lo que lo transformaría de funcionario gris a personaje siniestro de las cloacas del Estado. Según las fuentes oficiales, durante buena parte de los tres años que duró el conflicto civil, estuvo oculto (y no refugiado) en la embajada francesa de Madrid. Y, reveladoramente, cuando la capital española es conquistada por las tropas franquistas (1939), los cabecillas del nuevo régimen se fijan en aquel policía de segunda categoría, con un expediente más que discreto ―por lo menos, oficialmente― y con una estética de gángster italiano de Chicago; y lo nombran agregado policial en la embajada española de París. El vínculo que explica aquella sorprendente promoción es el falangista y filonazi vasco José Félix Lequerica, primer embajador que el régimen franquista sitúa en París.

Fotografía de Pedro Urraca y Elena Cornette / Fuente: Arxiu Nacional de Catalunya

El "sabueso" de Lequerica

Las fuentes oficiales justifican aquell destino con el pretexto de que su esposa Elena Cornette era natural de la capital francesa. Pero, en cambio, los hechos demuestran lo contrario. Aquella sospechosa promoción tenía una relación directa con su misteriosa actividad en la capital española durante la Guerra Civil. Recién llegado a París (1939), Lequerica le asignó la misión de localización, la tarea de seguimiento y la información de las actividades de los líderes políticos y sindicales del exilio republicano en la capital francesa. Y después de la ocupación alemana de Francia (1940), la tarea de enlace entre el siniestro SIMP (Servicio de Información Militar y Policial) y la temible Gestapo. Urraca sería el que facilitaría a los alemanes la localización del refugio del president Companys, de su esposa Carme Ballester y de su cuñado Francesc Ballester.

Los "negocios" de Urraca

Cuando se produce la detención del president Companys, está muy claro que Urraca no era un policía cualquiera. Ni siquiera un simple agregado policial de la embajada. A Urraca se le encomendó conducir discretamente a Companys hasta Madrid; más concretamente, hasta la tétrica Dirección General de Seguridad. Naturalmente, sin ningún tipo de protocolo judicial de extradición. Una vez cumplida la misión, retornó a París, y a partir de aquel momento, amparado por el poder que le habían confiado, inicia la etapa más oscura y siniestra de su estancia en Francia: se entrega, en cuerpo y alma (y con el amparo del aparato de dominación nazi), a su "negocio" particular. Entre 1940 y 1944 extorsionó, saqueó y entregó a los nazis a centenares de familias judías francesas. Incluso, en algunas ocasiones, las asesinó con sus propias manos.

Fotografía de Pedro Urraca / Fuente: Arxiu Nacional de Catalunya

¿Urraca, un Villarejo del franquismo y del postfranquismo?

Liberada Francia de la ocupación alemana (1944), Urraca desaparece. El año 1947, la justicia francesa lo juzgó y condenó a muerte in absentia por la autoría de crímenes contra la humanidad. Urraca vivió el resto de años de su vida, en libertad, en la España de Franco, amparado por su entonces brillante expediente de servicios a la patria. A la española, naturalmente. Y porque era la pieza que podía desenmascarar la participación de personajes muy relevantes del régimen franquista en sus "negocios" franceses. Trabajó en la Dirección General de Seguridad con un cargo relevante hasta el año 1982 (más allá de la jubilación y de la Transición). Durante décadas, España rechazó sistemáticamente las peticiones de extradición de la justicia francesa y Urraca murió en 1989 sin rendir cuentas a nadie, mientras en Madrid gobernaba Felipe González.

 

Imagen principal: Fotografía de Pedro Urraca / Fuente: Blog Iñaki Anasagasti