A pocos meses de la muerte de Josep Fontana, aparece publicado el libro, La crisi com a triomf del capitalisme. Anàlisi del passat i perspectives marxistes (editorial 3i4), una obra constituida por doce textos elaborados por el "maestro Fontana" poco antes de morir, presentados por Antoni Furió. Aunque hay algunos artículos que no concuerdan mucho con el conjunto, hay una agrupación de textos que constituyen un análisis agudo de la situación del mundo en el siglo XXI, con una idea de fondo: hay un retroceso de derechos sociales, y para combatir este retroceso, la reforma del sistema, mediante la socialdemocracia, no es viable. La obra de Fontana afirma que no puede haber una mejora de la situación de las clases populares sin un proceso revolucionario. Ahora bien, el ex militante del PSUC no reivindicaba ya el antiguo comunismo, sino una nueva realidad, destinada a "armonizar a largo plazo las aspiraciones de todos en una sociedad más equitativa y más libre". Y siguiendo a Hobsbawm, apuntaba que "La teoría socialista era, en síntesis, una crítica de la realidad capitalista, pero no un verdadero proyecto dedicado a la construcción de una sociedad diferente".

Fontana: Lo que tengamos dentro de cinco años será lo que habremos merecido

Un siglo XX marcado por el comunismo

Fontana pone la Revolución Soviética en el eje central de su análisis de la situación política de los siglos XX y XXI. Para Fontana, el miedo al comunismo que generó esta revolución explica buena parte de las dinámicas políticas del siglo XX. Por una parte, provocó grandes suspicacias hacia cualquier movimiento que cuestionara mínimamente el statu quo (como la Segunda República Española); el capitalismo perseguiría implacablemente cualquier disidencia. Pero las campañas anticomunistas, para Fontana, no tenían como objetivo defender la democracia, sino sólo la libre empresa. Al mismo tiempo, Fontana argumenta que el miedo al ejemplo que podía suponer la revolución soviética para la clase obrera impulsó a algunos Estados a ampliar sus prestaciones sociales. El comunismo, pues, estaría en el origen de las "tres décadas felices", de 1945 a 1975, en que hubo un despliegue del estado del bienestar y unos repartos de los beneficios de la producción entre trabajadores y empresarios nunca alcanzados antes.

La marcha atrás

Desde mediados de año 1970, según Fontana "esta chusma [los capitalistas] duerme tranquila por las noches sin temer que sus privilegios sean amenazados por una revolución". El crecimiento de la desigualdad, para Fontana, era una característica estructural del capitalismo, y no una evolución no deseada. El comunismo habría detenido temporalmente aquello que era un elemento básico del sistema económico. Fontana estaba seguro que, si no cambian las dinámicas políticas, las privatizaciones irán en aumento, en paralelo con un incremento de las desigualdades y un deterioro de la situación de grandes masas de población.

En el largo plazo

El análisis de Fontana se basa en las grandes tendencias económicas, y afirma que en el largo plazo hay una evolución que tiende a perjudicar  a grandes masas de población, en base de arrebatar los derechos sociales conseguidos durante siglos de luchas. La crisis habría sido aprovechada para reforzar unas dinámicas preexistentes. Fontana estaba convencido de que el aumento de los beneficios de los ricos no acaba beneficiando a los más pobres, en contra de lo que dicen las teorías neoliberales. Y asegura que en las últimas décadas eso se está haciendo evidente, con el deterioro del nivel de vida de grandes masas de población.

La crisis y las consecuencias de la crisis

Fontana afirma que hay, desde finales de los años 1970, una caída continuada de los salarios reales, a nivel mundial. Pero además añade que las grandes empresas han empezado una campaña para eliminar la disidencia, mediante el control de la educación y los medios de comunicación. Además, han viciado el sistema democrático al financiar los partidos y hacerlos más dependientes del sistema financiero que de sus votantes. Cada vez hay menos control hacia las grandes empresas, que cada vez pagan menos impuestos. Además, cada vez se hace más evidente que no hay trabajo para todo el mundo, y que con este sistema nunca habrá para todos. Fontana augura la progresiva desaparición de la clase media y la división de la sociedad entre los que sufren las consecuencias del sistema, y unos "superricos" que no se sienten en absoluto identificados con la mayoría de la población. Es lo que llama "la gran divergencia".

Fontana: Tenemos que recuperar la conciencia del camino que hemos hecho para poder seguir mirando adelante hacia el camino que todavía nos queda

Llamamiento a la lucha

Fontana fue un maestro en la enseñanza del pasado. Pero siempre entendió la historia como una disciplina estrictamente vinculada al presente. Por eso no es extraño que su libro póstumo no sea un volumen académico sobre la sociedad del pasado sino un ensayo divulgativo, dedicado a un público muy amplio, sobre el nuestro devenir. Este es un libro cargado de amargura. Fontana constata un retroceso de los derechos acelerado. Y en el libro busca apoyo a sus argumentos en numerosos economistas, sociólogos e historiadores, de cariz muy distinto, que coinciden con sus teorías, como mínimo con respecto al retroceso de los derechos sociales. El "maestro", a diferencia de otros autores, estaba bien seguro de que la socialdemocracia era impotente para superar este problema. Ahora bien, Fontana no creía que estuviéramos condenados a sufrir el expolio de nuestros derechos. Explicaba que, al igual que los derechos sociales se consiguieron mediante luchas, ahora pueden recuperarse mediante los movimientos sociales. "Lo que tengamos dentro de cinco años será lo que habremos merecido", sentenciaba. Y el maestro de historiadores, a pesar de todo, era optimista: "hay todavía una capacidad de protesta que surge por todas partes". Ahora bien, haría falta, para Fontana, una unidad de acción entre los diferentes tipos de movimientos de protesta.

Fontana: Como dijo Martí i Pol, «todo está por hacer y todo es posible»

La historia necesaria

Es en este sentido que Fontana reivindica la necesidad de la historia, como herramienta de conocimiento del potencial de nuestra sociedad: "Nos es necesario recuperar la conciencia del camino que hemos hecho para poder seguir mirando adelante hacia el camino que todavía nos queda, porque, como dijo Martí i Pol, «todo está por hacer y todo es posible»".

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