La vida de Errol Flynn, uno de los grandes galanes de la época dorada de Hollywood, está llena de escándalos, fábulas y mentiras, como que participó en los Juegos Olímpicos de 1928 como miembro del equipo australiano de boxeo.

Nacido en 1909 en Hobart, la capital de la australiana isla de Tasmania, la vida de Errol Flynn parece haber sido escrita por alguno de los mejores guionistas de la meca del cine. Hijo de un eminente biólogo y de una madre más interesada en ilustrarse que en verlo crecer, Flynn se educó en las mejores escuelas privadas de Inglaterra y Australia, pero desde muy pronto sintió aversión por reglas y normas.

Su insaciable ansia de libertad, lo llevó con tan sólo 17 años a marcharse a buscarse la vida a Papúa Nueva Guinea. Allí intentó hacer fortuna con todo tipo de aventuras: una plantación de tabaco, una mina de oro... Primero de una infinita lista de escándalos sexuales, tuvo que huir después de enredarse con la mujer de un alto funcionario británico.

Flynn también era un gran mentiroso. Le gustaba explicar fábulas. Su favorita era que descendía de uno de los amotinados del Bounty. Y con esta leyenda se presentó al rodaje de In the Wake of the Bounty, película australiana de 1933 sobre la legendaria sublevación que posteriormente sería readaptada varias veces en Hollywood. No tenía ninguna experiencia como actor, pero su poder de seducción hizo que acabara apareciendo como uno de los protagonistas. Dos años más tarde estaba interpretando su primer papel central en los Estados Unidos.

Dirigida por Michael Curtiz y compartiendo cartel con la adorable Joan Blondell, The Perfect Specimen (1937) fue la primera comedia de Flynn en los Estados Unidos. En una de las secuencias tenía que tomar parte de un combate de boxeo. Estuvo tan convincente soltando jabs, uppercuts y ganchos de izquierda que cuando le dijo al publicista del estudio que no sólo había sido boxeador sino que había representado en Australia en las Olimpiadas de Amsterdam de 1928, nadie no lo dudó. Otra mentira que ha acompañado la leyenda de Errol Flynn hasta la actualidad.

Sí que es cierto, sin embargo, que, fruto de su insaciable sed de aventuras, el año 1938 se plantó en el frente de la Guerra Civil Española. Una experiencia de qué, más que del conflicto, se marcharía con el recuerdo de Estrella. "Era muy guapa, muy latina, con un sentido del humor que no abundaba entre las mujeres españolas. Cuando estaba de pie, desnuda, era encantadora como una sirena", así evoca su amor durante aquellos días en sus memorias de título tan ilustrativo como Errol Flynn. Aventuras de un vividor.

Errol Flynn se convertiría en uno de los grandes galans de la época dorada de Hollywood gracias a sus papeles en películas como Captain Blood (1935), The Adventures of Robin Hood (1938), The Sea Hawk (1940), They Died with Their Boots On (1941), Objective, Burma! (1945), Adventures of Don Juan (1949) o Kim (1950), momento en que su carrera entró en declive.

Aquel que había sido un amante insaciable murió solo y alcoholizado en Vancouver el 14 de octubre de 1959. Un adiós triste para una persona con tantas ganas de vivir. "Vivir he vivido muchísimo", afirma Flynn en uno de los últimos párrafos de su autobiografía. "En el mar, en su fondo, en el aire, en todas las partes de casi todas las tierras, no he ido nunca en busca de fama o fortuna, sino de la vindicación del acto de vivir".

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