Cervera, 5 de abril de 1469. Los representantes de Fernando de Trastámara —hijo y heredero de Juan II, rey de la corona catalanoaragonesa— e Isabel de Trastámara —hermana y heredera de Enrique IV, rey de la corona castellanoleonesa— firmaban unas capitulaciones matrimoniales secretas. Aquel documento fue negociado en Catalunya, pero, sorprendentemente, fue redactado en castellano. ¿Por qué? Algunos historiadores explican que fue así porque los negociadores y los firmantes eran conscientes de que la revelación del contenido de aquel pacto secreto tendría un gran impacto en el núcleo del poder de la Corona castellanoleonesa. Y otros apuntan que esta particularidad obedecía al hecho de que la lengua de ambos contrayentes era el castellano. ¿Pero cuál es la versión más plausible? ¿En qué lengua hablaba Fernando el Católico?
¿Cuál era la lengua familiar de Fernando?
Es fácil deducir cuál era la lengua de Isabel, nacida y criada en Castilla. Pero, en cambio, no resulta tan fácil en el caso de Fernando. Si bien es cierto que los padres del futuro rey católico eran nacidos y criados en Castilla —Juan II (Medina del Campo, 1398) y Juana Enríquez (Torrelobaton, 1425)—, también lo es que Fernando (nacido accidentalmente en Sos, reino de Aragón, 1452) se crió y educó en la capital catalana, en el Palau del Rei (en la plaza del Rei) y que la lengua de aquel entorno de poder —de la corte y de la cancillería de Barcelona— había sido siempre la catalana. Y, por otro lado, la condición real de los padres de Fernando —Juan y Juana— proyectaba, permanentemente, su privacidad hacia una dimensión pública (corte, cancillería, brazo militar, Generalitat, Consell de Cent) que era, totalmente, catalanohablante. Por lo tanto, la pregunta continúa abierta.
¿Fernando hablaba aragonés?
Algunos estudiosos sostienen que Fernando era aragonés y que, por lo tanto, su lengua familiar sería el aragonés. Pero olvidan —naturalmente, a propósito— que el nacimiento de Fernando se produciría accidentalmente en un pueblo sobre la raya que separaba los reinos de Aragón y de Navarra, mientras su padre intervenía —política y militarmente— en la guerra civil navarra (1451-1455) y su madre lo acompañaba. Y olvidan, también, que en la Edad Media, ni la naturaleza civil ni la identidad de grupo se obtenían por nacimiento. La primera —la naturaleza— estaba determinada por la relación personal de dependencia con un poder feudal. Y la segunda —la identidad— por la pertenencia a un grupo lingüístico o confesional. Y no hay ningún testimonio documental que pruebe que Fernando se considerara aragonés ni que tuviera el aragonés como lengua propia.
¿Fernando hablaba castellano?
Esta es la hipótesis más tentadora. Haciendo un ejercicio de anacronismo (aquello que los historiadores califican como la valoración de un escenario histórico con parámetros ideológicos de actualidad), podríamos llegar a pensar que Juan y Juana —recordemos, nacidos y criados en Castilla— hablaban castellano en el ámbito doméstico. Es más que probable que Fernando, desde una edad muy temprana, tuviera competencia en castellano (por influencia de la cultura nativa de sus padres). Como es más que probable que, también desde una edad muy temprana, tuviera competencia en aragonés (de conocimiento obligatorio para los soberanos catalanoaragoneses). Pero tampoco hay ningún testimonio documental que lo pruebe, más allá de las Capitulaciones de Cervera, que tampoco sabemos, con certeza, si fueron redactadas en castellano porque era la lengua de ambos contrayentes.
¿Fernando hablaba latín?
Esta es la posibilidad más inverosímil. Si bien las Capitulaciones de Cervera fueron redactadas, también, en latín, es del todo seguro que no era la lengua de Fernando, ni la de ninguno de los negociadores de aquel documento. A finales del siglo XV, el latín conservaba el prestigio de lengua de cultura y la categoría de lengua de cancillería. Pero no era más que una “lengua muerta” que había quedado recluida en el mundo de la documentación. Desde el siglo IX, el latín ya era una lengua ininteligible para las sociedades de cultura románica. Solo cabe recordar que el año 812 el emperador Carlomagno había promulgado una ley que obligaba a los rectores parroquiales a oficiar la misa en las respectivas “lenguas vulgares” de su imperio, porque el latín clásico ya no era entendido por nadie. Fernando, por su condición letrada, lo debía dominar, pero no era su lengua.
¿Fernando hablaba catalán?
Esta es la única que ha sido probada documentalmente. Anteriormente, decíamos que la identidad de grupo —aquello que modernamente llamamos “identidad nacional”— era definida por la pertenencia a una comunidad lingüística o confesional. Pues bien, el 27 de junio de 1506 (dos años después de la muerte de la reina Isabel), Fernando renunciaba a relevar a su difunta en el trono de Toledo por falta de apoyos. En la villa leonesa de Villafáfila, la nobleza castellano-leonesa —que siempre lo había visto como una amenaza— lo despediría con una reveladora cita documentada para la historia: “Viejo catalanote, vuélvete a tu nación”. No se dijo ni se documentó “aragonesote”, ni “reino” (referencia a una posible naturaleza civil). Se dijo y escribió “catalanote” y “nación” (referencia a una identidad cultural y lingüística).
