El esgrafiado es una técnica decorativa que aporta personalidad y singularidad a Barcelona, donde se calcula que hay unos 1.500 edificios que disponen de este tipo de revestimientos murales en fachadas o vestíbulos, que a menudo toman la forma de cenefas, jarrones, guirnaldas, orlas, motivos florales y figuras, e incluso, los más modernos, anuncios publicitarios. En el siglo XX fueron utilizados con profusión por el modernismo, pero los más antiguos son del siglo XVII y forman un conjunto patrimonial de primer orden. Son los esgrafiados barrocos de Barcelona, de los cuales quedan un centenar y que ahora son objeto de una exposición, precisamente, en uno de esos inmuebles que disponen de este tipo de decoración histórica.
En concreto, la Associació Antic Gremi Revenedors 1447, que tiene su sede en la plaza del Pi, 3, en un edificio decorado profusamente con esgrafiados, ofrece desde el pasado día 5 y hasta el 29 de mayo la exposición Els esgrafiats barrocs de Barcelona: art, ciutat i identitat (lunes a viernes de 17:00 a 20:00 h y sábados de 10:00 a 14:00 h. Entrada, 5 euros). Se trata de una muestra comisariada por el doctor en Historia del Arte Reinald Gonzàlez, y con fotografías de Pau de la Calle -colaborador habitual de ElNacional.cat- que busca reivindicar los esgrafiados barrocos como elementos clave para entender la historia de Barcelona.
Así, a través de imágenes de nueve edificios que conservan estos esgrafiados, situados, entre otros, en las calles Portaferrisa, Escudellers, Botella y la ya mencionada plaza del Pi esquina con la calle Petritxol, todos situados —lógicamente al tratarse de patrimonio histórico del siglo XVII—, en el distrito de Ciutat Vella, la exposición se centra no solo en la función decorativa de los esgrafiados, sino también en el contexto en que surgieron y en el papel clave que tuvieron en la transformación urbana de Barcelona, precisamente en un momento en que la tradicional piedra de Montjuïc se empezó a sustituir por el ladrillo y a la vez la ciudad se densificó con el añadido de nuevas plantas a los edificios ya existentes de una ciudad constreñida por las murallas.


"Los esgrafiados son el resultado de un cambio en la organización social de la ciudad", afirmó Reinald Gonzàlez en la inauguración de la exposición, que recordó que los esgrafiados eran una manera de proyectar el prestigio de la burguesía menestral y gremial del momento con acabados a la vez vistosos y económicos y muy específicos de Barcelona: "Nos encontramos ante una solución decorativa muy local", añadió. La selección del comisario muestra la gran diversidad de esgrafiados que se pueden encontrar en Barcelona, algunos de mucha calidad y otros mucho más sencillos, pero donde todos explican cómo se aplicó esta técnica en la ciudad.
Así, desde la exposición se destaca el caso del inmueble de la calle Portaferrisa, 21, donde no hay motivos figurativos, sino que es un ejemplo de cómo se usaban los esgrafiados para ordenar los volúmenes de las fachadas y mantener el equilibrio entre las aberturas con el doble objetivo de embellecer la finca y la vía pública. Otra singularidad de los esgrafiados barceloneses es que, a menudo, aparecía el propietario de la finca representado, como es el caso de Escudellers, 44. A partir de la exposición, los visitantes pueden acceder, mediante un código QR, al mapa de la ruta y a una serie de audios explicativos sobre cada una de las fachadas que forman parte de la muestra. Una propuesta para recorrer los esgrafiados a pie de calle y descubrir las historias que esconden las fachadas barrocas esgrafiadas que aún se conservan en la ciudad.


Imagen principal: Esgrafiado de la calle Botella, 16 / Foto: Pau de la Calle — Gremi de Revenedors