La editorial Akal publica Circus Maximus. El negocio económico detrás de la organización de los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol, de Andrew Zimbalist. Zimbalist es un destacado economista especializado en economía del deporte. No es un agitador, sino un analista que trata, con el máximo rigor, de analizar los costes y los beneficios de los grandes acontecimientos deportivos.

Ganancias y pérdidas

En 1976, antes de los Juegos Olímpicos de Montreal, el alcalde de la ciudad afirmó en un discurso: "Es tan difícil que unas Olimpiadas provoquen déficit como que un hombre dé a luz a un bebé". El déficit de aquel acontecimiento deportivo sumó 1.600 millones de dólares, y el municipio tardó 30 años en poder cubrirlo. Si una cosa quedó clara es que unas Olímpiadas pueden ocasionar pérdidas. Zimbalist apunta que, de hecho, lo más normal es que estos acontecimientos acumulen pérdidas. En los últimos años hay una tendencia a la reducción de candidaturas, porque cada vez es más difícil encontrar a quien pueda asumir el reto.

Una antigua historia

Visto desde hoy, puede parecer que la cuestión de la rendabilidad de los Juegos es una problemática reciente. Pero Zimbelist da un repaso histórico al tema, desde los inicios de los juegos modernos, y detecta que el problema es muy antiguo. Ya en los juegos de Amberes, en 1920, los costes se dispararon, a causa de una inversión pública muy fuerte; pero los beneficios existieron y recayeron, básicamente, en inversores privados.

Gasto descontrolado

Zimbalist ha comparado las cuentas previstas y el gasto real en los Juegos Olímpicos y los Mundiales de los últimos años. Y ha encontrado que los sobrecostes eran enormes en casi todos los casos. Los Juegos Olímpicos de Atenas del 2004 costaron diez veces el que se había presupuestado, y el Mundial de Fútbol de Sur-África del 2010 multiplicó el coste previsto por veinte. Y eso que generalmente los gastos contabilizados están subvalorados, porque muchas inversiones en seguridad o infraestructuras no se contabilizan como obras realizadas para los acontecimientos deportivos, sino como obras destinadas al bien común. Zimbalist denuncia que, probablemente, las instituciones saben que los presupuestos iniciales están subvalorados y que engañan a los electores por impulsar las convocatorias deportivas.

Gasto público, beneficios privados

Cualquier acontecimiento deportivo internacional genera grandes beneficios. Pero una parte sustancial de estos beneficios recae en unas pocas empresas, especialmente en las constructoras que elaboran las infraestructuras. Estas empresas habitualmente tienen mucha influencia, y por eso a veces tienen capacidad de presionar a los medios de comunicación, para publicitar los Juegos. Y no es extraño que consigan coaccionar a los gobernantes, para imponer las candidaturas a los Mundiales o a los Juegos.

Una situación impagable

Los efectos positivos de los Juegos y de los Mundiales, según Zimbalist, son menores de lo que generalmente se cree. En primer lugar el impacto sobre el paro es bajo y no duradero. Según Zimbalist, el incremento del empleo en ningún caso compensa el grave incremento del gasto público. El economista norteamericano asegura que las celebraciones conducen a un alto endeudamiento. Y, para superar este endeudamiento, las instituciones acaban gravando a los ciudadanos con más impuestos o recortando el gasto público en otros sectores. Y el recorte del gasto público implica una reducción de los servicios y también una disminución del empleo en el sector público.

No tanto turismo

Zimbalist apunta que no es evidente que el turismo se multiplique cuando una ciudad acoge un gran acontecimiento deportivo. De hecho, la mayoría de países que fueron sede de Juegos Olímpicos o Mundiales recibieron a menos visitante el año olímpico que en años anteriores. La subida de precios asociada a los acontecimientos deportivos actúa como disuasorio de los visitantes. Zimbalist asegura que el impacto positivo que pueden tener estos actos sobre el turismo es pequeño, y que sería más útil buscar otras formas más económicas de publicitar la ciudad o la región.

Ventaja para los ricos

Zimbalist apunta que los BRICS, en los últimos años, están reivindicando su papel líder también en el deporte. El Sur, que durante décadas había sido marginado en la escena deportiva mundial reclama, justamente, el papel que le corresponde en este ámbito. Pero Circus Maximus asegura que su participación en grandes acontecimientos deportivos resultará catastrófica. Según Zimbalist, una ciudad sólo puede sacar rendimientos a unos Juegos Olímpicos cuando ya tiene las infraestructuras construidas y el espacio urbano acondicionado: es decir, tan sólo los ricos pueden ganar dinero con unos Juegos Olímpicos. Para los otros, las pérdidas están garantizadas.

La corrupción

Los Jocs Olímpics d'hivern de 1998 en Nagano, en Japón, estuvieron marcados por los escándalos de corrupción. Cuando se intentó inspeccionar las cuentas del Comité Olímpico Organizador, se descubrió que éste había quemado los 98 volúmenes de los libros de contabilidad: alegaron que "contenían información secreta". Ante la falta de pruebas, la inspección no progresó. Pero no es el único escándalo vinculado al deporte de masas. Este libro se redactó antes no estallara el escándalo de corrupción en la FIFA originado por la gestión de su presidente, Joseph Blatter. Un breve epílogo explica todos estos casos y pone de manifiesto que la corrupción es endémica en estos organismos.

El motor catalán de la corrupción

La primera edición de este libro ya alertaba sobre el escándalo de corrupción en la compra de votos en las votaciones para decidir las sedes de los Juegos Olímpicos y los Mundiales de fútbol. Zimbalist apunta que Samaranch tuvo un papel destacado en la extensión de la corrupción dentro de los organismos olímpicos. Zimbalist habla del "reinado" de Samaranch, un hombre que se hacía trata de "Su Excelencia" en el Comitè Olímpic Internacional (COI). Él mismo cargaba gastos fastuosos al COI, como una lujosa suite en un hotel de Lausana, por 500.000 dólares anuales. Muchos miembros del COI, también, obtuvieron grandes beneficios de su cargo, con obsequios, becas para sus familiares, vacaciones, alojamientos...

La excepción barcelonesa

Zimbalist considera que Barcelona 1992 fue un caso excepcional de éxito económico en la organización de unos Juegos. Argumenta que eso se debe a que el plan de reforma de la ciudad era anterior a la concesión de los Juegos y a que las condiciones macroeconómicas y políticas de Catalunya eran muy favorables en aquellos momentos. Circus Maximus apunta también que Barcelona era "un diamante en bruto" por geografía, clima, arquitectura e historia, y que su singularidad hace que su éxito no sea extrapolable. Y, además, Zimbalist pone de manifiesto que los Juegos también tuvieron efectos colaterales negativos: contribuyeron a hinchar la burbuja inmobiliaria y perjudicaron a las clases populares (con un descenso del número de viviendas sociales y con una expulsión de población pobre del núcleo urbano).

La primera catástrofe carioca

Zimbalist no cree que el éxito barcelonés sea extrapolable a Brasil. La idea de Brasil era amortizar las infraestructuras organizando el Mundial del 2014 y los Juegos del 2016. Pero el Mundial no funcionó como estaba previsto. Algunas infraestructuras no se acabaron, y muchas de las que se acabaron no se amortizarán nunca (como los grandes estadios en pequeñas ciudades del interior). Los beneficios del Mundial recayeron, principalmente, en las grandes constructoras brasileñas como Andrade Gutierrez u Odebretch, empresas que están envueltas en los grandes escándalos de corrupción actuales. Los costes sociales fueron muy elevados: muchos ciudadanos fueron expulsados de sus casas y la hacienda pública se fue quedando ahogada. No es extraño que el Mundial generara grandes protestas populares.

Previsible desastre

Si el Mundial de 2014 ya fue conflictivo, los Juegos todavía despiertan más incógnitas. La situación política del Brasil es bien conflictiva y las obras van con mucho retraso. El plan de pacificación de las favelas está lejos de ser un éxito: la policía actúa con gran brutalidad y la tensión a algunas zonas de Rio se ha incrementado. Además, hay un grave problema de contaminación en la bahía de Guanabara, donde se sitúa la ciudad. El Comité Olímpico Internacional se ha mostrado preocupado por la situación. Los cariocas, mucho más, porque a todo eso se añade una subida exhorbitante de los precios.

Las reformas necesarias

Zimbalist considera que los Juegos y los Mundiales tienen un futuro complicado si no hay una reforma en profundidad de todo el sistema mundial de competición deportiva. En primer lugar, reclama una transformació radical del COI y de la FIFA. Pero reconoce que para que las Olimpiadas y los Mundiales funcionen, también es necesario que la población del país anfitrión esté correctamente informada del proceso y tenga capacidad de decisión sobre lo que se hace. De hecho, lo que reclama Zimbalist a Circus Maximus es másdemocracia.