El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) inaugura este miércoles la exposición El culte a la bellesa, una muestra que se podrá visitar hasta el 8 de noviembre y que propone un recorrido por los ideales estéticos que han marcado diferentes épocas y culturas. La exposición, impulsada por Janice Li en la Wellcome Collection de Londres, analiza cómo se han construido históricamente los cánones de belleza y pone el foco en los cuerpos y las identidades que han quedado al margen de estos modelos dominantes. El proyecto también plantea el debate sobre si existe realmente un ideal universal de belleza, una cuestión que toma una nueva dimensión en plena era de los tutoriales estéticos de TikTok, la presión sobre la imagen y el retorno de patrones de delgadez extrema.
A través de más de 400 obras, El culto a la belleza reúne a artistas de perfiles y épocas muy diversas, como William Hogarth, Angélica Dass, Narcissister, Colita, Isidre Nonell, Sandra Gamarra o Marina Vargas, para explorar cómo han evolucionado los cánones estéticos y qué espacios existen en los márgenes de estos modelos dominantes. El color rosa atraviesa toda la propuesta expositiva como un hilo conductor que remite, casi de manera inconsciente, a la presión estética ejercida especialmente sobre las mujeres. La comisaria de la muestra, Júlia Llull, ha explicado que uno de los grandes retos ha sido analizar cómo la idea de belleza se inscribe en los cuerpos y cómo está condicionada por los contextos culturales, económicos, sociales y políticos de cada época. "El objetivo de la exposición es darnos cuenta de que la belleza es un concepto creado, habitado y construido social y políticamente y que, por lo tanto, también lo podemos revisar, reformular, reconstruir y deshacer", ha defendido.
La belleza fuera de los márgenes
La muestra pone en cuestión los límites de los modelos de belleza hegemónicos y reivindica la posibilidad de encontrar experiencias estéticas fuera de los patrones tradicionales. Según ha explicado la otra comisaria de la exposición, Blanca Arias, el recorrido defiende que la belleza es una experiencia universal que no se puede restringir solo a determinados cuerpos. Esta reflexión toma forma, entre otras piezas, en una videoinstalación de Lorenza Bötner en la que la artista, que perdió los brazos de pequeña después de un accidente con un poste eléctrico mientras intentaba llegar a un nido de pájaros, aparece inmóvil recreando la Venus de Milo con el cuerpo completamente pintado de blanco. En un momento de la proyección, Bötner mira directamente a cámara e interpela al espectador con una pregunta: “¿Qué harías si el arte cobrara vida?”. Arias considera que esta pieza invita a replantearse por qué algunos cuerpos pueden ser percibidos como bellos dentro de un museo, pero no fuera de este espacio.
Entre las piezas que forman parte del recorrido de El culte a la bellesa también hay una reinterpretación de La maja desnuda creada por la artista Peliagudas, que presenta la figura femenina sin depilar, así como fotografías de concursantes de Miss Reino Unido con el maquillaje deshecho después de perder el certamen. Las obras cuestionan los ideales de perfección y la construcción social de la feminidad. El cierre de la exposición lo protagoniza una de las piezas más impactantes del recorrido, Narcissister, que explora el peso simbólico y físico de la presión estética y del culto a la belleza transmitidos de generación en generación, en este caso a partir de la relación de la artista con su propia madre.