Después de cautivar a miles de espectadores en el Teatre Nacional de Catalunya durante la temporada 2024-2025, Ànima ha vuelto pisando fuerte, esta vez en el Teatro Tívoli de Barcelona. Es precisamente en una de las butacas de la platea de este teatro donde me reciben Oriol Burés, Paula Malia, Víctor Gómez y Diana Roig, cuatro de los actores que forman parte del gran elenco de la obra. Ànima cuenta la historia de Greta, una chica enamorada del dibujo y del cine de animación que sueña con dedicarse a ello profesionalmente. La obra nos transporta a los Estados Unidos de los años treinta, en el momento en que el color aparece por primera vez en las pantallas y los dibujos animados cobran más vida que nunca en los cines. Greta intentará hacerse un hueco en este mundo, pero muy pronto se topará con una realidad desoladora: las mujeres no tienen cabida en él.
Este musical de creación propia y en catalán reflexiona sobre los sueños y sobre cómo, a menudo, acaban tomando caminos muy diferentes de los que imaginamos. Unos sueños que también compartían Oriol, Víctor y otros compañeros de profesión cuando empezaron a idear esta representación, sin imaginar hasta dónde acabaría llegando. Por eso, Ànima también habla un poco de todos ellos y, a la vez, de cualquier espectador que alguna vez haya tenido un sueño.
Habéis vuelto al Teatro Tívoli después de haber estrenado en el TNC hace un año y medio. La gente ya habla de éxito. ¿Cómo valoráis esta acogida? ¿Os lo esperabais?
Oriol Burés: Nosotros estamos muy contentos de haber hecho este traslado del Teatre Nacional de Catalunya a un teatro privado de Barcelona. Creemos que es una cosa superbuena y ojalá pase con muchos más espectáculos. Y sí que es verdad que Ànima tiene una cosa: la gente, en cuanto termina el espectáculo, se pone de pie a aplaudir. Yo creo que es el musical en el que, cuando termina la función y salgo a la calle, más gente que no conozco me está esperando a la salida para felicitarnos, pedirnos fotografías o para que les firmemos el programa. Esto, con otros musicales que hemos hecho, pasa de vez en cuando, pero aquí creo que no hay ninguna función en la que no nos pase.
La gente pide musicales de creación en catalán, pero falta atreverse a descubrir títulos nuevos
Y esto es muy emocionante. Sí que es verdad que ha venido mucha gente, pero todavía nos queda llegar a mucha más. Hay una gran llamada: la gente pide musicales de creación en catalán, pero falta que se acabe de atrever a descubrir títulos nuevos. Ànima, en el fondo, es un título muy desconocido; no es un musical que tenga una trayectoria detrás ni un gran recorrido. La estancia en el TNC sí que nos sirvió para que la gente nos situara en el mapa, pero todavía hay mucha gente que no conoce el título y nos falta llegar y que se atrevan a venir aquí, al Tívoli.
Justamente era un doble reto en este sentido. Todo el mundo conoce El fantasma de la ópera o Los miserables, pero Ànima era un nombre desconocido.
Víctor Gómez: Yo creo que Ànima nos ha ido sorprendiendo durante todo este proceso. Desde hace seis años, que es cuando Oriol tuvo la primera idea y empezamos con la primera semilla, no ha parado de sorprendernos. Ha sido una montaña rusa de momentos buenos, de momentos malos y de mucha tensión. Realmente es muy difícil conseguir esto que decía Oriol: sacar una producción de un teatro público y llevarla al privado. Siempre ha ido superando lo que nosotros pensábamos que podíamos llegar a hacer con una idea como esta. Personalmente, yo creo que nos ha llenado muchísimo.
Diana Roig: Claro, ellos hablan como productores, directores, actores, responsables de vestuario… El reto es a muchas bandas. Por nuestra parte, como actores y actrices, yo creo que tampoco nos lo esperábamos tanto. Recuerdo mucho los primeros días antes de estrenar en el Nacional pensando: "¡Ay, a ver si gustará!". Al final, como todo es ficticio y no está basado en ninguna película o libro, nunca sabes qué recibimiento tendrá. Da vértigo, pero una de las cosas más bonitas es escuchar todo lo que nos dice la gente. Es el regalo y la satisfacción más grandes.
Oriol Burés: O también los comentarios durante la función. Con Paula lo vivimos mucho, porque esperamos una reacción del público en un momento concreto. Los espectadores están muy conectados.
Paula Malia: Sí, hay una escena nuestra al final que el público no se espera y es muy divertido porque sientes aquel "¡Oh!". Hay como una indignación general. Esto te demuestra que realmente viven la función contigo. Y esto es muy bonito desde arriba del escenario.
Víctor Gómez: Y también vemos que ha generado muchas cosas en el público. La gente nos cuenta sus historias: "Yo no me atrevía a operarme y después de haber visto Ànima he visto que lo tengo que hacer", o gente que dice: "Quiero un cambio de vida y dejo mi trabajo porque a mí me llena otra cosa". De hecho, aquí en el Tívoli nos pasó una cosa muy fuerte: había dos acomodadoras que, después de dos semanas de ver el espectáculo cada día, decidieron sacar adelante un proyecto personal suyo. Nos dijeron: "Dejamos el trabajo porque nos habéis inspirado". Y nos emocionó muchísimo.
¿Qué mensajes decís que deja la obra en los espectadores, cuáles son? ¿Qué explica la obra?
Paula Malia: Alma es la historia de Greta Edwards, que es el personaje que yo interpreto. En los años treinta, ella descubre que tiene una vocación: ser dibujante. Todo pasa en un momento en que las grandes industrias cinematográficas de Estados Unidos empiezan a hacer películas de animación. Entonces, ella decide dejar el pueblo donde vive con su familia y se va a Los Ángeles a probar suerte en uno de estos estudios. El problema es que, hasta los años noventa, si eras mujer no te podías dedicar a un trabajo creativo dentro de estos estudios: no podías dibujar ni crear. Para mí, la parte más bonita es la manera como habla de los sueños, y eso es lo que interpela tanto al público. Creo que habla de ello de una manera muy sana y muy necesaria en el mundo en que vivimos. Está muy bien luchar por los sueños, pero a veces también tienen una cara oscura. A veces, luchando por un objetivo, te puedes dejar muchas cosas por el camino… Yo creo que es una obra que plantea muchas preguntas.
No todos los sueños se cumplen y eso no te convierte en un perdedor
Permítanme hacer un poco de abogado del diablo. ¿Cómo es que, cuando decidís hacer un musical en catalán, os interesa contar una historia situada en Estados Unidos?
Víctor Gómez: Creo que nació de una necesidad, de desde dónde queríamos situar esta historia. No es que nosotros quisiéramos hacer una historia ambientada en Estados Unidos, sino que aquello de lo que queríamos hablar nos llevaba allí. Al mismo tiempo, nosotros somos una generación —la de los noventa— que creció con unas películas de animación "supermíticas" que nos han marcado a todos y con este mensaje de "si quieres, puedes". Un mensaje que, como decía Paula, también es un poco peligroso, porque no todos los sueños se cumplen y porque, a veces, por mucho que quieras, no puedes, y eso no quiere decir que seas un perdedor. Queríamos desmontar un poco este sueño americano. Ellos también han cogido cuentos europeos y los han explicado a su manera. Nosotros queríamos coger toda esta cultura que inevitablemente hemos recibido y hacer una relectura de ella.
Ahora que habláis de los sueños... Entiendo que, en algún momento, vuestro sueño era poder dedicaros al teatro. Aunque sabemos que la situación del sector y el camino para conseguirlo no es fácil, ¿podríais decir que habéis cumplido vuestro sueño?
Diana Roig: Sí. Aquí estamos. Se ha cumplido, y con creces. Aparte de dedicarme a mi sueño, lo puedo hacer con mis amigos, con la gente que quiero y explicando historias que realmente me apetece explicar. A veces, en el mundo del teatro musical se hacen proyectos muy cerrados y, en este caso, como mujeres, nos toca interpretar unos tipos de papeles que también lo son.
Oriol Burés: Ànima rompe con todo esto y sí, es un sueño. Y entender este sueño como el motor que te mueve a hacer cosas y que va variando. Como el proceso que hemos vivido nosotros: formarnos como actores y llegar a hacer musicales, que quizás era el primer sueño. Después, crear un espectáculo… Un poco lo que le acaba pasando a Greta: entender que este sueño, que es el motor que la mueve a hacer cosas, también se va transformando.
Paula Malia: A la Paula de dieciséis años le dices que acabará haciendo un musical así en el Tívoli y es como la carta a los Reyes Magos. Pero, incluso así, ha habido días que me habría querido tirar de un tercer piso. Quiero decir que no eres feliz todo el tiempo. Es absolutamente maravilloso estar haciendo esto aquí, pero también ha habido días de pensar: "No puedo más, esto no saldrá, me da mucho miedo, no me atrevo".
Hacer un musical de gran formato en catalán es un salto de fe
¿Y ahora, en esta situación, os imagináis llevar Ànima más allá? ¿Os la imagináis en Broadway, por ejemplo?
Víctor Gómez: Nos encantaría.
Oriol Burés: Imaginación no nos falta.
Víctor Gómez: Mucha gente nos ha dicho que esto podría estar en el West End. Ànima siempre nos ha ido sorprendiendo y ha superado nuestros propios sueños, así que dejemos que pase, ¿no?
Oriol Burés: Siempre hemos dicho que Ànima tendrá toda la vida que quiera tener. Por nuestra parte, le queremos dar toda la vida del mundo, pero mover este espectáculo —un musical de gran formato en catalán— es mucho dinero. Hace falta que el público responda bien, y eso nos dará alas para llevarlo allí donde podamos y, sobre todo, para seguir creando musicales de gran formato en catalán. Nosotros hemos tenido la gran suerte de vivir la herencia de Dagoll Dagom y de sus grandes montajes. Hemos crecido yendo a ver Mar i cel o mirando Flor de nit por la televisión. Tenemos esta herencia y tenemos ganas de continuarla, pero necesitamos que el público venga a vernos y nos dé apoyo.
Vosotros habéis elegido el catalán para representar Ànima. ¿Qué papel creéis que tiene ahora mismo esta lengua dentro del sector teatral en Barcelona?
Víctor Gómez: Es un salto de fe, también. Evidentemente, plantearse hacer un musical de creación en catalán y de gran formato da mucho miedo. Es una realidad. Tanto las productoras públicas como las privadas tienen miedo, y es un miedo comprensible: esto vale mucho dinero y requiere, como decía Oriol, que venga mucha gente a verlo. El problema es que venimos de un legado muy importante y muy bonito, pero a veces cuesta que la gente apueste por aquello que no conoce. Somos los catalanes —y aquí incluyo a todo el mundo— los que lo tenemos que hacer. Si queremos que haya teatro y musicales en catalán, los tenemos que consumir, porque si no es imposible producir más.
Hacerlo en castellano habría sido el camino más fácil, pero queríamos hacerlo en nuestra lengua
Diana Roig: Sí, al final es una inversión muy grande y, de alguna manera, te estás cerrando puertas. Esto es así. Si lo haces en castellano, puede tener mucho más recorrido. Entonces, es esto que decíais vosotros: o lo consumimos los catalanes o…
Víctor Gómez: Hacerlo en castellano habría sido el camino más fácil y, de hecho, teníamos ofertas, pero dijimos que no. Lo queríamos hacer en nuestra lengua y tal como sentíamos que tenía que nacer este proyecto. Y después sería fantástico que se tradujera a mil idiomas más. También es importante que no solo nos lleguen cosas de fuera, sino que las cosas que creamos aquí las podamos exportar.
Antes habéis comentado las dificultades que tiene Greta en la obra para acceder a un tipo de trabajo por el simple hecho de ser mujer. ¿Vosotras, Paula y Diana, os habéis encontrado en alguna situación similar dentro de vuestro sector?
Paula Malia: Es una muy buena pregunta. Sí, evidentemente. Creo que el machismo, por desgracia, nos rodea y nos acompaña cada día. También creo que cada vez hay papeles más interesantes para mujeres mayores, pero aún queda mucho trabajo por hacer. A mí lo que me preocupa no es el presente, sino qué pasará cuando yo tenga cincuenta o sesenta años. Porque veo que actrices maravillosas, de repente, pasan a hacer de "madre de" o "abuela de". Y pienso: si ya eran interesantes cuando tenían treinta años, con sesenta lo deberían ser el doble. Porque has vivido más cosas, te has hecho mayor, ocupas más espacio… Es maravilloso. Una mujer de sesenta años es superpotente encima de un escenario o delante de una cámara.
Diana Roig: Creo que es importante crear cosas nuevas con otros perfiles. En cuanto a los musicales, es verdad que casi todos los personajes que me ha tocado hacer han sido poco interesantes, o menos interesantes que los masculinos. Siempre ha sido acompañar un rol masculino protagonista, que es quien tiene el gran arco dramático. Y eso da mucha rabia. Además, yo, por suerte o por desgracia, encajo dentro de un canon que me permite hacer estos personajes. Pero tengo muchas amigas muy talentosas y buenísimas con otros perfiles físicos que no pueden optar a ellos porque no encajan en este modelo más normativo. Y eso no puede ser. Lo tenemos que cambiar. Y eso es una de las cosas que también me gusta mucho de Ànima: todos los personajes femeninos que aparecen, a pesar de ser muy diferentes, explican muchas cosas y hacen que cualquier papel sea interesante de hacer.
Y en este sentido, ¿qué es lo que más os interesa de vuestro personaje? ¿Con qué os quedáis?
Oriol Burés: De Walter, lo que más me gusta es la inconsciencia creativa: tener una idea clara e ir a por ella con todas las consecuencias.
Diana Roig: ¿Pues te puedes creer que es la primera vez que tengo de "partner" en un musical a otra chica? Para mí esto es muy fuerte. Me encanta hacer de Mina, la amiga de Greta, y me encanta ser "la amiga", "la motivadora".
Paula Malia: Sí, es muy bonita esta relación porque, además, no hay una historia romántica en la obra. Y creo que esto es muy bonito porque se rompe desde el inicio. Se ve enseguida que esto no es una historia de amor romántico, sino una historia de amor hacia la familia, los amigos, la gente que te acompaña o la profesión. Pero no de amor romántico.
Víctor Gómez: Precisamente, lo que me gusta de mi personaje es eso. En una obra donde hablamos de la posición de la mujer dentro del ámbito artístico y de este mundo tan duro dominado por los hombres, queríamos un personaje que rompiera con la idea de que "todos los hombres son malos". Mi personaje, George, representa este amor bien entendido: un amor incondicional y una ayuda altruista y sana. Este amor es agradable de ver porque estamos muy acostumbrados al amor pasional y dramático, pero una cosa así de sana y buena creo que es muy bonita.
Paula Malia: Yo, de Greta, te diría la inconsciencia que tiene al inicio. Me gusta mucho el salto de fe que hace. Ella se tira a la piscina y se estrella una y otra vez. Y también me gusta mucho la escucha que tiene con los demás. Yo tengo escenas con todo el mundo y el personaje se nutre de cada una de sus historias. Son ellos los que la transforman. Y esto también es muy gustoso de hacer.
¡Ponemos a prueba a los protagonistas con un concurso de dibujo!
El musical catalán cuenta una historia ambientada en la industria cinematográfica de animación de los años treinta en Estados Unidos. Poder dedicarse al dibujo y a la animación llevada a los cines es el sueño de la protagonista, Greta. ¿Los actores de la obra sabrán dibujar igual de bien que los personajes que interpretan?
