Sin descanso y sin tregua. El presidente de EE.UU., Donald Trump, vuelve a situar la inmigración en el centro de la batalla política y mediática en Estados Unidos, esta vez con una propuesta tan simbólica como polémica: cambiar el nombre del ICE, la agencia encargada del control migratorio, para que pase a llamarse NICE. La idea, que empezó como un meme en las redes sociales, ha acabado entrando en los pasillos de la Casa Blanca y del Departamento de Seguridad Nacional. El nuevo acrónimo significaría National Immigration and Customs Enforcement, pero el juego de palabras es evidente: "nice", en inglés, significa "agradable", "simpático" o "amable".
Trump abrazó públicamente la propuesta después de que un usuario de X sugiriera renombrar la agencia "para que los medios tengan que decir 'agentes del NICE' todo el día". La respuesta del presidente en Truth Social fue inmediata: "¡GREAT IDEA!!! DO IT!".
Un meme que llega a la Casa Blanca
Lo que inicialmente parecía solo una provocación digital empezó a tomar forma real. Tanto la Casa Blanca como el Departamento de Seguridad Nacional compartieron memes y publicaciones defendiendo el cambio de nombre, mientras funcionarios del ICE empezaban discretamente a calcular qué implicaría una posible redefinición de marca.
Según fuentes cercanas a la agencia, se llegaron a estudiar costes para sustituir chalecos, placas, logotipos, vehículos oficiales y papelería institucional. Sin embargo, la iniciativa no ha generado entusiasmo interno entre muchos agentes. El mismo Trump reconoció esta semana que parte de los trabajadores del ICE e incluso su responsable fronterizo, Tom Homan, no acababan de ver clara la idea. "Creo que les gusta su imagen de dureza", dijo el presidente en una entrevista radiofónica que recoge la CNN.
La batalla para controlar el relato
Detrás del juego de palabras hay una estrategia política mucho más profunda. El ICE se ha convertido en una de las instituciones más cuestionadas del segundo mandato de Trump por sus operaciones masivas de detención y deportación de inmigrantes.
La presión pública aumentó especialmente después de la muerte de Renee Good, una ciudadana estadounidense abatida por un agente del ICE en Minneapolis en enero. Varias encuestas posteriores mostraron que más de la mitad de los estadounidenses consideraban que la agencia hacía las ciudades menos seguras.
Consciente de este desgaste de imagen, la administración Trump intenta ahora suavizar la percepción pública del organismo sin modificar su estrategia dura contra la inmigración irregular. El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, ha insistido las últimas semanas que el gobierno quiere actuar de una manera “más silenciosa”, pero sin reducir la presión sobre los inmigrantes sin papeles.
Un cambio difícil, pero no imposible
Cambiar oficialmente el nombre del ICE no es tan sencillo como una orden presidencial. La agencia fue creada por el Congreso en 2002, después de los atentados del 11-S, dentro de la gran reforma que también dio origen al Departamento de Seguridad Nacional. Esto significa que cualquier modificación formal necesitaría aprobación legislativa.
Pero Trump ya ha demostrado en el pasado que está dispuesto a forzar los límites institucionales cuando se trata de símbolos y nomenclaturas. En septiembre, por ejemplo, firmó una orden ejecutiva para rebautizar el Departamento de Defensa como “Departamento de Guerra”, recuperando el nombre histórico anterior a la Segunda Guerra Mundial.
La administración también intentó imponer el término “Golfo de América” en lugar de “Golfo de México”, llegando incluso a restringir el acceso de la agencia Associated Press a algunos actos oficiales después de que el medio se negara a utilizar la nueva denominación.
Política convertida en marca
Más allá de si el cambio acaba materializándose o no, la propuesta revela hasta qué punto el trumpismo entiende la política como una batalla constante por el lenguaje, la imagen y el relato público. Para sus seguidores, NICE es una manera de ridiculizar las críticas liberales y presentar el ICE como una agencia injustamente demonizada. Para los detractores, es un intento de suavizar con marketing una política migratoria cada vez más agresiva. En cualquier caso, el debate ya ha conseguido lo que probablemente buscaba Trump: volver a monopolizar la conversación pública, convirtiendo un simple juego de palabras en una nueva guerra cultural norteamericana.