El calor nocturno mata más que el diurno en Barcelona, según han calculado dos estudios del Centre de Política del Sòl i Valoracions (CPSV) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Uno de los miembros del equipo que ha llevado a cabo estos trabajos, el doctor en arquitectura Josep Roca, ha presentado los estudios este jueves y ha insistido en la idea de que, en la capital catalana, "la gente no muere por golpe de calor de día sino por la noche". "Es un asesino silencioso, que mata sin que te des cuenta por la noche cuando el cuerpo no es capaz de recuperarse, cuando no hay escapatoria del calor", ha apuntado.
El caso es que "Barcelona es un hotspot (punto caliente) del calentamiento global": "Es una singularidad, ya que entre 1971 y 2024 las temperaturas mínimas han aumentado en 3,22 grados en la ciudad (de 15,82 a 19,04 grados), una auténtica barbaridad, porque en el conjunto de España ha subido 1,96 grados y en el mundo, 1,29 grados". Según el investigador, el calentamiento se concentra especialmente en las horas nocturnas en Barcelona, por el efecto isla de calor, enfatizado por diferentes factores como la elevada intensidad urbana, la alta impermeabilización del suelo, el bajo albedo (la proporción de radiación solar que una superficie refleja respecto a la que incide sobre ella), el déficit de zonas verdes y la reducción del efecto de la brisa marina refrescante por la noche.
¿Qué hacer contra el calor nocturno?
Con todo, hay que tener en cuenta que, en las ciudades mediterráneas como Barcelona, "el mar refresca por la mañana pero por la noche castiga". Por la noche, las temperaturas mínimas en la capital catalana han subido 3,87 grados durante el período 1971 y 2024, mientras que las de día han aumentado 2,57 grados. El umbral en el que el Ministerio de Sanidad establece un primer incremento de la mortalidad por calor es en los 30,2 grados de día y en los 24 grados de noche, una temperatura que "prácticamente ya se ha superado cada noche" en Barcelona. Sin embargo, el Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat) activa los avisos de peligro por calor nocturno intenso a partir de los 27 grados, lo que Roca considera una "auténtica locura". En este sentido, los investigadores de la UPC calculan que se produce un 26% más de mortalidad por las temperaturas elevadas de noche que de día: entre 2007 y 2018 se atribuyeron 721 defunciones al calor nocturno y solo 571 al diurno.
Los estudios advierten que el paradigma climático de Barcelona en las últimas décadas ha cambiado, y que actualmente tiene casi tres veces más necesidades de refrigeración que de calefacción. Aunque la climatización interior es más complicada porque depende de las características económicas de cada edificio y de las circunstancias económicas de cada hogar, Roca ha apuntado que las administraciones podrían instaurar mecanismos para facilitarla, como reducciones de IRPF para inversiones en rehabilitaciones climáticas en domicilios. En cuanto al exterior, el investigador ha considerado que el consistorio debería ampliar las zonas verdes para generar más zonas de sombras o para mejorar el albedo, con la finalidad de que la radiación sea reflejada y no se quede en el material —como ocurre con el pavimento—. En esta línea, ha lamentado que el Ayuntamiento de Barcelona ponga el foco en el calor diurno, con planes para preparar la ciudad ante la previsión de que en 2050 se puedan alcanzar los 50 grados. Al respecto, ha considerado que lo más probable es que las temperaturas diurnas de aquí a 25 años sean más bajas, de 45 grados, pero que, en cambio, se superen los 30 grados la mayoría de las noches.
