La guerra nos hace más pobres de muchas maneras

- Xavier Alegret
- Barcelona. Lunes, 30 de marzo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
No exagero si digo que la semana pasada, escuchando a empresarios, directivos y economistas en diversos foros, ruedas de prensa y juntas de accionistas, oí más de media docena de veces la siguiente frase: “El impacto económico de la guerra dependerá de su duración”. También lo han escrito varios de nuestros columnistas habituales.
Puede parecer ya un tópico. Quizás de tanto oírla, parece vacía de significado, pero es bien real. Y el impacto va directamente a nuestro bolsillo. Ya hace un mes que Estados Unidos e Israel atacaron Irán; no es mucho tiempo, pero a pesar de esta especie de tregua decretada por Donald Trump, por unas supuestas negociaciones que Irán niega, no se vislumbra el final de la guerra, porque tampoco se vislumbra un plan de Trump para controlar y cambiar el régimen en el país.
El impacto económico, por lo tanto, crece y, desafortunadamente, parece que puede hacerlo más. Los mercados se regulan, y las diferentes potencias son capaces de encontrar otros proveedores, por ejemplo energéticos, para paliar sus efectos. Y muchos países, como España, que tienen ingresos fiscales récord, pueden llevar a cabo medidas para frenar momentáneamente la inflación. Esto puede evitar una gran crisis, una recesión, pero no que los ciudadanos seamos un poco más pobres.
La guerra nos agujerea el bolsillo de muchas maneras. Desde la más evidente, en la factura de la luz o el tique de la gasolinera, hasta otras menos evidentes. Ir al supermercado, o a comprar cualquier producto de consumo, ya cuesta más dinero que hace un mes. Porque cuando cogemos un bote de detergente en el lineal, no solo estamos pagando lo que ha subido el gasóleo de llevarlo al supermercado, sino lo que se ha encarecido el plástico, el mismo jabón y el proceso de producción y etiquetado del bote. Se van acumulando pequeños encarecimientos que acabamos pagando todos en el súper y nos hacen, como decía, un poco más pobres.
La guerra nos agujerea el bolsillo de muchas maneras, no solo poniendo gasolina. Ya sube costos a todas las empresas y encarece el crédito
El socio de una empresa industrial de material para la construcción me comentaba hace pocos días que han tenido que subir un 15 % de golpe los precios para cubrir la inflación que ya sufren por parte de sus proveedores a causa, principalmente, de la subida del petróleo y la energía. Se han apresurado a hacerlo porque todavía tienen el recuerdo de la anterior guerra, la de Ucrania, en la cual quisieron esperar y después no daban abasto subiendo precios para salvar los márgenes.
Puede parecer que no pasa nada si una empresa tiene menos márgenes, pero a menudo olvidamos que el 99 % de las empresas no son las grandes cotizadas que ganan miles de millones, sino que tienen márgenes más estrechos. E incluso los gigantes que ganan mucho dinero tienen derecho a tener buenos márgenes, porque la reducción de márgenes acaba suponiendo recorte de puestos de trabajo o contención salarial. De nuevo, un poco más pobres.
No hablamos de una sola empresa. Esto está pasando en todos los sectores, y si suben los precios entre empresas, quien acaba pagando es el comprador final, no hay otra vía. Volviendo al caso concreto que comentaba, implica que los costes de construcción suban; por lo tanto, las viviendas nuevas subirán aún más. También edificios de oficinas, naves industriales, etc. Si las familias y las empresas tienen que destinar más dinero a inmuebles, tendrán menos para invertir, ahorrar y gastar en otras cosas. Seremos, pues, insisto, un poco más pobres.
Un par de días más tarde de la conversación con este directivo, el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, dijo en una conferencia, sin dudar ni un segundo, que prevén que el Banco Central Europeo suba los tipos de interés varias veces este año, algo que hace un mes no estaba sobre la mesa. De hecho, ya se nota en el euríbor, que cerrará el mes de marzo con una subida de cuatro décimas y la tasa más alta en un año y medio.
Cuando los efectos económicos más evidentes de la guerra, como la subida del petróleo y de la luz, pasan, las medidas de los gobiernos desaparecen, pero siempre quedan efectos
Tipos de interés más altos significa dinero más caro para las empresas; euríbor más alto significa hipotecas más caras para las familias. Si ya es bastante complejo el acceso a la vivienda, el efecto de la guerra en estos dos sectores, construcción y banca, lo dificultará aún más. Pero el efecto no se produce solo en la construcción. El crédito caro incrementa los costes de financiación de todas las empresas, que también se repercute en su producto, sean ladrillos, fuet, zapatos o experiencias.
Las medidas que ha tomado el gobierno español para paliar estos efectos son positivas, pero no mágicas –de las del Govern no hablo porque ha colado 150 millones a transición energética, como si se pudiera hacer de hoy para mañana, cuando esta debería ser una prioridad de país independientemente de la situación geopolítica. Pero volviendo a las medidas ya vigentes del Estado: pueden aliviar la carga fiscal de empresas y personas, pero a menudo no consiguen compensar toda la subida y, además, no pueden durar para siempre. Cuando los efectos más evidentes de la guerra, como la subida del petróleo y de la luz, pasan, las medidas desaparecen, pero siempre quedan efectos, como el encarecimiento de muchos alimentos y productos básicos. Y este agujero se queda en el bolsillo y nunca se hace más pequeño.